
Cada
cierto tiempo, con la fuerza emergente de la novedad,
aparecen sistemas de ejercicios gimnásticos con
la pretensión de ser revolucionarios y definitivos.
Sin embargo, raras veces van acompañados de un
despliegue de medios tan ruidoso como el que ha ido
aparejado al llamado Método Pilates.
La rápida instalación de gimnasios dispuestos
expresamente para la difusión de sus técnicas
y una vasta cobertura mediática pueden explicarse
por la excelente campaña de mercadotecnia que
ha precedido a su desembarco en Europa: el Método
Pilates ha sido vendido como el método para mantenerse
en forma que utilizan las estrellas de Hollywood. Además,
también se ha insinuado que es una clase de remedio
prodigioso para los más perezosos y para aquellos
a quienes les desagrada la práctica del deporte.
Con esas bazas, el invento ha despegado con el previsible
éxito.
Precisamente por ello, parece un momento oportuno para
indagar un poco más en los fundamentos de éste
método y en algunos consejos prácticos
para quienes quieran empezar a practicarlo.
En primer lugar, hay que saber que esta calistenia fue
desarrollada por Joseph Pilates a principios del siglo
pasado. Pero a su muerte, en 1967, surgieron algunas
escuelas que adaptaron o rediseñaron los ejercicios
que él dejó fijados. Así, hay diversos
tipos de centros Pilates según se basen en el
seguimiento estricto del programa del maestro o en reformulaciones
variadas.
Dado que en España no hay ninguna regulación
oficial de estudios, es complicado determinar qué
locales y profesores son lo más capacitados para
impartir clases de Pilates. En cualquier caso, y a la
espera de algún tipo de enseñanza reglada,
es conveniente informarse de si el monitor tiene algún
tipo de certificado de instrucción en la materia.
Además hay que tener presente que uno de los
pilares de éste método es la atención
individualizada. El profesor prepara los ejercicios
conforme a las necesidades específicas de cada
alumno y las clases, sobre todo las de principiantes,
no serán compartidas con otros discípulos.
Los profesionales recomiendan que se rechace cualquier
oferta que no se atenga a estos principios.
También habría que desmentir que no requiera
de un cierto esfuerzo y voluntad de superación.
Si uno de los motivos que impulsó a Pilates a
mejorar las técnicas gimnásticas de su
tiempo fue el empeño por encontrar prácticas
más amenas, accesibles para todo el mundo y que
también tuvieran en cuenta la relajación
mental, ello no significa que los ejercicios se hagan
solos. El método se apoya en una serie de máquinas
que facilitan la labor, pero conseguir el aumento de
la elasticidad y el refuerzo de la musculatura, así
como la mejora de la respiración y de la capacidad
de concentración, necesitan de la implicación
y constancia del practicante. Es ingenuo esperar milagros
sin ese compromiso.
Sin embargo, una de las ventajas de Pilates y de su
ductilidad es que se adapta bien a gente de todas las
edades y estados de forma, que progresa al ritmo que
más le conviene. De hecho, parte de la motivación
de Pilates fue la de encontrar una actividad física
adecuada para pacientes hospitalizados. El objetivo
de las tablas ideadas por el gimnasta alemán
consiste en alcanzar un mejor control del propio cuerpo
y reforzar el llamado centro de gravedad corporal o
centro de energía (pelvis, abdomen, glúteos,
parte baja de la espalda), a fin de descargar otras
partes que soportan un peso que no le corresponde. Resulta
así natural que se aplique en algunas clínicas
y que, según ciertos facultativos, sea útil
para aliviar dolencias de la espalda, aumentar la resistencia
y reducir la fatiga, ayudar a la corrección de
malas posiciones o instruir en una forma más
correcta de respirar.
Como contrapunto de esos beneficios, hay que advertir
que las sesiones, dada su personalización y la
dedicación exclusiva que se nos presta, pueden
resultar bastante más caras que las de cualquier
otro tipo de gimnasia convencional. En añadidura,
dada su muy reciente implantación, no todos los
médicos tienen ya una opinión plenamente
formada al respecto, así que es posible que no
siempre nos puedan orientar debidamente sobre las prácticas
más atinadas para nuestras circunstancias. Además
la profusión de escuelas con puntos de vista
encontrados acerca del método, también
pueden desorientar al neófito. Sin embargo, por
lo general, a tenor de la experiencia de otros países
y de las manifestaciones favorables de bastantes especialistas,
sí parece que el método Pilates pueda
ser una alternativa apreciable para mejorar nuestro
estado de forma y pasar los ratos de ejercicio de un
modo grato y no excesivamente fatigoso.