
Cada
año, tarde o temprano, acontece lo inevitable.
Son los gajes de vivir en la Europa Meridional: el mercurio
se acelera, la atmósfera se recalienta, aires
saharianos barren la península y una ola de calor
se abate sobre todas partes. Poco puede hacerse para
evitar los percances que ocasiona una situación
así, máxime si uno debe exponerse a los
rigores del sol y tiene que hacer vida callejera.
Con todo, para paliar en la medida de lo posible los
extremos más graves, conviene adaptar el comportamiento
a las circunstancias y tomar una serie de precauciones,
como bien se encarga de recordar la
Dirección
General de Protección Civil y Emergencias.
Esta sección del Ministerio del Interior pretende,
por encima de todo, que aquellos grupos más vulnerables
sean especialmente cautos, y que el común de
la ciudadanía tome conciencia de las actitudes
más prudentes para ayudar a esas personas y evitar
desgracias.
Los servicios de emergencias atienden, como siempre,
en el teléfono 112 y, tanto el
Ministerio
de Sanidad como Protección Civil funcionan
durante las jornadas más calurosas del año
a pleno rendimiento. También puede recibirse
un parte detallado de la previsión meteorológica
en la web del
Instituto
Nacional de Meteorología.
Pero para no tener que requerir de esos servicios, éste
sería un prontuario de los consejos más
imprescindibles.
Hidratarse bien y comer adecuadamente. Beber
agua en buena abundancia, así como tomar comidas
que la contengan en generosa proporción, es uno
de los fundamentos para evitar deshidrataciones, mareos
y pérdidas del sentido.
Cabe observar que la sensación de sed se atenúa
con el paso de los años, así que las personas
mayores han de tomar la precaución de beber aun
cuando no parezcan necesitarlo. También deben
evitarse las comidas muy copiosas, que demanden pesadas
digestiones, y es importante tomar alimentos que contengan
sales minerales. El sudor provoca una pérdida
acusada de las que son necesarias para nuestro organismo.
Asimismo, en verano hay que tener especial consideración
por las reglas de conservación de los alimentos,
sobre todo de los que lleven huevo. Los excesos etílicos
pueden pasar factura, dado que pueden contribuir a la
deshidratación.
Evitar las exposiciones al sol. En lo posible,
hay que eludir estar directamente bajo el sol, que puede
provocar insolaciones y quemaduras. Y si no hay más
remedio, es imprescindible ir protegido por algún
tipo de tocado, sombrero o gorra. Tanto como sea posible,
hay que procurar buscar la sombra y preservarse de lugares
caldeados e insuficientemente ventilados.
Llevar vestimentas acordes a la situación.
Ropas frescas, de tejidos ligeros, que permitan la transpiración
y preferentemente de colores claros, como el sentido
común demanda, ayudan a aliviar la concentración
de calor. Ahora bien, para evitar la acción directa
del sol sobre la piel, es recomendable llevar cubierta
la cabeza, los brazos o la espalda, por más que
apetezca el destape total.
Limitar la actividad física a las horas más
frescas del día. Deportes o actividades físicas
de una cierta intensidad no tienen porque suspenderse.
Sin embargo, si que es preciso emplazarlas en horas
matutinas o hacia el atardecer y la noche, cuando las
temperaturas menguan. Practicar deporte en plena canícula
puede ponernos en grave peligro. En caso de baño,
hay que guardar tiempos prudenciales entre la comida
y el chapuzón, para evitar cortes de digestión,
más posibles cuando existe una gran diferencia
de temperatura entre el exterior y el interior.
Moderación con los aires acondicionados y
ventiladores. Amén del gasto de energía
que suponen, sobre todo los primeros, hay que controlar
su uso por motivos de salud. Los cambios bruscos de
temperatura entre un interior enfriado artificialmente
y el exterior cálido pueden ser perjudiciales.
En añadidura, los aires resecan las vías
respiratorias y, aplicados en chorros directos, pueden
ser causa de resfriados y dolores de espalda.
Solidaridad con los más expuestos. Aunque
todos lo suframos, el azote del calor castiga con particular
saña a la gente más vulnerable, niños,
mayores, enfermos, asmáticos, etc. Por ese motivo,
se pide una especial deferencia con estos colectivos,
así como interesarnos por aquellas personas que
sepamos que viven solas y se encuentran en situación
de riesgo.