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Medidas preventivas contra las olas de calor

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Medidas preventivas contra las olas de calor
11/07/2006

Cada año, tarde o temprano, acontece lo inevitable. Son los gajes de vivir en la Europa Meridional: el mercurio se acelera, la atmósfera se recalienta, aires saharianos barren la península y una ola de calor se abate sobre todas partes. Poco puede hacerse para evitar los percances que ocasiona una situación así, máxime si uno debe exponerse a los rigores del sol y tiene que hacer vida callejera.

Con todo, para paliar en la medida de lo posible los extremos más graves, conviene adaptar el comportamiento a las circunstancias y tomar una serie de precauciones, como bien se encarga de recordar la Dirección General de Protección Civil y Emergencias.

Esta sección del Ministerio del Interior pretende, por encima de todo, que aquellos grupos más vulnerables sean especialmente cautos, y que el común de la ciudadanía tome conciencia de las actitudes más prudentes para ayudar a esas personas y evitar desgracias.

Los servicios de emergencias atienden, como siempre, en el teléfono 112 y, tanto el Ministerio de Sanidad como Protección Civil funcionan durante las jornadas más calurosas del año a pleno rendimiento. También puede recibirse un parte detallado de la previsión meteorológica en la web del Instituto Nacional de Meteorología.

Pero para no tener que requerir de esos servicios, éste sería un prontuario de los consejos más imprescindibles.

Hidratarse bien y comer adecuadamente. Beber agua en buena abundancia, así como tomar comidas que la contengan en generosa proporción, es uno de los fundamentos para evitar deshidrataciones, mareos y pérdidas del sentido.
Cabe observar que la sensación de sed se atenúa con el paso de los años, así que las personas mayores han de tomar la precaución de beber aun cuando no parezcan necesitarlo. También deben evitarse las comidas muy copiosas, que demanden pesadas digestiones, y es importante tomar alimentos que contengan sales minerales. El sudor provoca una pérdida acusada de las que son necesarias para nuestro organismo. Asimismo, en verano hay que tener especial consideración por las reglas de conservación de los alimentos, sobre todo de los que lleven huevo. Los excesos etílicos pueden pasar factura, dado que pueden contribuir a la deshidratación.

Evitar las exposiciones al sol. En lo posible, hay que eludir estar directamente bajo el sol, que puede provocar insolaciones y quemaduras. Y si no hay más remedio, es imprescindible ir protegido por algún tipo de tocado, sombrero o gorra. Tanto como sea posible, hay que procurar buscar la sombra y preservarse de lugares caldeados e insuficientemente ventilados.

Llevar vestimentas acordes a la situación. Ropas frescas, de tejidos ligeros, que permitan la transpiración y preferentemente de colores claros, como el sentido común demanda, ayudan a aliviar la concentración de calor. Ahora bien, para evitar la acción directa del sol sobre la piel, es recomendable llevar cubierta la cabeza, los brazos o la espalda, por más que apetezca el destape total.

Limitar la actividad física a las horas más frescas del día. Deportes o actividades físicas de una cierta intensidad no tienen porque suspenderse. Sin embargo, si que es preciso emplazarlas en horas matutinas o hacia el atardecer y la noche, cuando las temperaturas menguan. Practicar deporte en plena canícula puede ponernos en grave peligro. En caso de baño, hay que guardar tiempos prudenciales entre la comida y el chapuzón, para evitar cortes de digestión, más posibles cuando existe una gran diferencia de temperatura entre el exterior y el interior.

Moderación con los aires acondicionados y ventiladores. Amén del gasto de energía que suponen, sobre todo los primeros, hay que controlar su uso por motivos de salud. Los cambios bruscos de temperatura entre un interior enfriado artificialmente y el exterior cálido pueden ser perjudiciales. En añadidura, los aires resecan las vías respiratorias y, aplicados en chorros directos, pueden ser causa de resfriados y dolores de espalda.

Solidaridad con los más expuestos. Aunque todos lo suframos, el azote del calor castiga con particular saña a la gente más vulnerable, niños, mayores, enfermos, asmáticos, etc. Por ese motivo, se pide una especial deferencia con estos colectivos, así como interesarnos por aquellas personas que sepamos que viven solas y se encuentran en situación de riesgo.
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