
Las
bicicletas de montaña, muy conocidas también
por su nombre inglés de mountain bikes, puede
que hayan sido el invento deportivo más importante
de los últimos treinta años. Por lo menos,
es una opinión que puede mantenerse si nos atenemos
a su repercusión popular: el número de
adeptos de todas las edades que ha captado y el volumen
de negocio que ha generado.
La idea de partida fue de una genial sencillez. Las
bicicletas de carreras convencionales tenían
serias dificultades para circular fuera de carreteras
asfaltadas. Además, el movimiento de su desarrollo
requería de un buen estado de forma y de cierta
potencia muscular. Así que en los años
setenta, en California, un grupo de jóvenes cansados
de la rigidez del ciclismo regular, empezaron a hacer
adaptaciones para poder superar esas limitaciones y
franquear terrenos quebrados y montañosos. Se
trataba, en principio, de poner llantas de mayor diámetro
y resistencia, y más tarde de instalar relaciones
de platos y piñones que facilitaran las ascensiones
e hicieran más llevadero el esfuerzo. En su forma
elemental, habían nacido las BTT (bicis todo
terreno).
El siguiente paso vino cuando algunos de esos mismos
aficionados que habían hecho bicicletas a su
medida para subir y bajar por los montes de California,
descubrieron que sus creaciones interesaban a mucha
gente y que podían financiarse nuevas pruebas
vendiendo los modelos que ya tenían adaptados.
De esa forma, se fundaron algunas de las marcas seminales
que mayor peso han acabado teniendo en el mundo de la
mountain bike. La evolución y expansión
a partir de ese momento fue ciertamente rápida
algunas compañías tradicionales
pronto se unieron a la fabricación de modelos
de montaña- y a mediados de los años vuitanta
y principios de los noventa aparecieron las innovaciones
que configuran las BTTs tal y como las conocemos
hoy: modelos con 18, 21, 24 y hasta más velocidades,
cambios más eficaces, cuadros y componentes cada
vez más ligeros, mejores frenos y suspensiones
(delanteras, traseras, centrales).
Esa progresión, que ha estado marcada por la
voluntad continua de experimentación y por la
incorporación de nuevos materiales y tecnologías,
tiene como resultado que en nuestros días haya
excelentes bicicletas de montaña por precios
muy razonables, y que la diversificación de productos
haga muy sencillo encontrar aquella que mejor casa con
nuestras aptitudes. El otro frente de batalla de los
aficionados ha consistido en conquistar y habilitar
nuevos caminos para transitar a fuerza de pedales. El
trabajo en este terreno ha sido harto satisfactorio
y productivo, dado que al tratarse de un ocio respetuoso
con el medio ambiente y que, además, por el número
de practicantes que atrae, puede contribuir a la recuperación
de caminos y hasta arrojar dividendos turísticos,
ha contado con la colaboración de las instituciones
públicas.
Así, la práctica del ciclismo de montaña
-que perfectamente puede ser ciclismo de campo, basta
con salirse de la carretera- se convierte en una alternativa
(con muchas ventajas) al ciclismo convencional. Se puede
explorar la naturaleza mejor y más armónicamente
que con cualquier otro vehículo, los riesgos
de accidentes son igualmente menores y el ejercicio
que se hace permite una enorme gradación, debido
a la gran cantidad de senderos con relieves distintos
que se pueden afrontar, pero también a las relaciones
de marchas de que se dispone. Por todos esos factores,
no ha dejado de sumar entusiastas en todos los países
del mundo, que además descubren una nueva forma
de desplazarse y de estar en contacto con el entorno,
de mantener la forma, de divertirse con arreglos y modificaciones
de los aparatos y de relacionarse con otros aficionados.
Posiblemente, la de iniciarse en el mundo de las BTT
sea una de las decisiones mejor tomadas por quienes
están buscando un deporte o entretenimiento para
solazarse en su tiempo libre.