
Junto
a las vacaciones, el descongestionamiento del transito,
el ritmo más plácido de vida y otras delicias
propias de la estación estival, llegan algunas
molestias recurrentes: el calor, el especial cuidado
que hay que tener con la conservación de los
alimentos o la
proliferación de insectos
y sus correspondientes asechanzas.
Precisamente, para que no pase de ser una fastidiosa
pero llevadera molestia, conviene tomar algunas precauciones
que minimizarán sus envites.
Los
mosquitos, que tienen debilidad por la sangre
caliente, son inevitables y no hay método completamente
eficaz para ahuyentarlos. No obstante, si que puede
dificultarse su acción. Para empezar, hay que
controlar todo medio en el que puedan reproducirse a
su antojo. Los receptáculos con agua estancada
son el hábitat en el que ponen sus huevos, de
forma que floreros, palanganas, neumáticos que
hayan recogido aguas de lluvia y otros recipientes semejantes
han de limpiarse detenidamente o simplemente eludirse.
El uso de mosquiteras, pese a su aparatosidad, reduce
su presencia, y también es prudente no mantener
abierta la ventana de las habitaciones en las que se
vaya a dormir mientras haya luz, dado que son atraídos
por ella. Y aunque en muchas ocasiones sea inevitable,
andar ligero de ropa y mantener descubiertas las extremidades
es una oferta irrechazable para tan golosos bichos.
Por consiguiente, dormir con pijama o bajo una sábana
hace más complicada su punción.
Sea como sea, la medida más segura es el uso
de repelentes en spray, en forma de vaporizadores eléctricos
o en otras variedades comerciales Estos productos desorientan
a los mosquitos, pues sus sensores quedan incapacitados
para percibir nuestra transpiración, que es su
método de guía para encontrarnos. También
existen algunos inhibidores naturales, como el humo
(el uso de unas barras de incienso puede ser eficaz)
o el tabaco (se ha observado que los mosquitos pican
menos a los fumadores debido al olor que se ha quedado
prendido de su piel).
Como dispositivo suplementario de seguridad, disponemos
de las lociones antimosquitos, con el inconveniente
de que algunas puedan ser irritantes para la piel si
se usan muy continuadamente. Además, su eficacia
merma a las pocas horas de su aplicación, de
modo que no ofrecen garantía para largos periodos
de desatención.
En fechas recientes, también se ha detectado
la actividad de
mosquitos tigre. Su foco de expansión
se sitúa en el área urbana de Barcelona,
si bien ya se han localizado en otros puntos de la costa
mediterránea. El efecto de su picadura es especialmente
doloroso, y si bien las autoridades han puesto en marcha
una campaña de erradicación e información
al ciudadano, es especialmente importante que tomemos
algunas medidas de prevención si tenemos constancia
de que esta clase de mosquitos merodean por nuestro
entorno.
Ahora bien, si en la mayor parte del continente europeo
los mosquitos son un fastidio que provoca escozores
e hinchazones, los percances que pueden reportarnos
son mucho peores en buena parte del resto del mundo.
En los trópicos, moscas y mosquitos son transmisores
de enfermedades de enorme gravedad, algunas de ellas
causantes de muerte si no se tratan adecuadamente. Esas
especies son especialmente resistentes y han depurado
los suficiente sus mecanismos de caza como para no tomárselas
a la ligera. Dengue, malaria, chagas, difteria o fiebre
amarilla son nombres lo suficientemente serios como
para invitar a la cautela. Pero el caso es que los ciudadanos
con pasaporte español han resultado encontrarse
entre los más despreocupados de Europa: un alto
porcentaje de los consultados no habían previsto
esa eventualidad e incluso desconocían qué
pandemias podían encontrarse en sus destinos
de viaje. Por ello, si nuestra intención es visitar
países de África, Asia, Latinoamérica
u Oceanía, es fundamental informarse de ante
qué picaduras debemos estar prevenidos, así
como vacunarnos en los casos en que eso sea posible
o conocer cómo debemos actuar en caso de que
sobrevenga una de esas infecciones.