| La
intoxicación alimentaria, un evitable fantasma
de verano |
| 24/07/2006 |
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 Al
llegar la estación más cálida del
año no sólo aumentan las temperaturas,
sino también el número de problemas intestinales
que registran las autoridades sanitarias y la gravedad
de las intoxicaciones por alimentos en mal estado. De
hecho, ambos factores no son en absoluto independientes:
precisamente las bacterias causantes de algunos de estos
trastornos se desarrollan y reproducen con mucha más
facilidad cuando el termómetro supera la barrera
de los 30ºC y cuando la cadena de frío que
conviene mantener para preservar mejor los alimentos
se rompe con más facilidad. Para completar el
cuadro, ciertos hábitos de la época comportan
riesgos añadidos: se come más a menudo
fuera, a menudo en chiringuitos de playa o quioscos
que pueden no reunir todos los requisitos higiénicos
necesarios o bien en parilladas de campo para las que
no se dispone de las mismas garantías que si
se hicieran en casa.
Pero con algo de atención, la mayoría
de enfermedades con origen bacterial son eludibles y
basta con tomar unas elementales precauciones para ahuyentar
a esos indeseables intrusos. Aunque algunas puedan parecer
obvias, aquí proveemos un listado de aquellas
que hace falta tener en cuenta para pasar un verano
sin sustos desagradables:
- Higiene. Parece de cajón, pero
la falta de un buen lavado de manos, así como
de las superficies y los instrumentos de cocina, es
la primera causa de intoxicaciones veraniegas. Asimismo,
conviene rehuir aquellos establecimientos que no parezcan
demasiado afectos a este principio.
- Es recomendable cocinar bien los alimentos y dejarlos
lo suficientemente hechos. Una cocción oportuna
destruirá los microbios que puedan permanecer
en un alimento. Antes de ingerirlas, también
hace falta recalentar adecuadamente los restos que
hayan quedado de anteriores ágapes, puesto
que podrían haberse vuelto a contaminar.
- Consecuentemente, las viandas en crudo comportan
más riesgo que las cocinadas. Pescados y mariscos
al natural pueden jugarnosla. Y advertir de esto es
especialmente pertinente en el caso del huevo. Sería
razonable abstenerse de consumirlo sin cocinar, sobre
todo en lugares que no disfruten de toda nuestra confianza,
puesto que es causante de la muy molesta salmonela.
En todo caso, lavar con primor las cáscaras,
añadir a las salsas de huevo unas gotas de
vinagre a modo de conservante y no guardarlas más
de un día en la nevera son cautelas que pueden
hacernos un buen favor.
- Mantener en frío los alimentos. Incluso algunos
de aquellos que en otras épocas se acostumbran
a guardar en una despensa como los embutidos o ciertos
quesos. Si se sale de excursión, también
se ha de ir con cuidado con las neveras portátiles.
Se les ha de añadir suficiente hielo para que
conserven su capacidad refrigeradora. Las sobras que
deseemos guardar también deben guardarse inmediatamente
en el frigorífico.
- Mucha cautela con el agua de fuentes y riachuelos
de salubridad incierta. Ante la duda, evitémosla.
En el caso del agua mineral en botella, se deben seguir
las instrucciones de conservación que detallan
los fabricantes.
- Separemos los alimentos para evitar transmisiones
de agentes contaminados, por ejemplo los jugos de
la carnes. De cualquier manera, aquellos que pensemos
comer crudos, frutas y hortalizas principalmente,
lavémoslos a fondo.
Y, sobre todo, ha de pensarse que el peligro de intoxicación
es mucho más acusado y tiene consecuencias más
perjudiciales en países dónde las condiciones
higiénicas son lejanas de las nuestras y dónde
subsisten algunas enfermedades que no se deben tomar
en broma. Por esto, es mejor rehusar los alimentos no
cocinados, los lácteos, los cubitos de hielo
o aquellas bebidas no envasadas si vamos a viajar a
destinos de Asia, África o América Latina.
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