
La
apnea del sueño es una enfermedad caracterizada
por la obstrucción del paso del aire a la garganta
mientras se duerme. Por causa de este bloqueo, la respiración
se interrumpe durante periodos que pueden llegar a los
diez segundos y, en consecuencia, el afectado emite
ronquidos y tiene un reposo de poca calidad. Aparentemente,
se trata de un problema que sólo tiene molestos
efectos para el enfermo y para la gente que le rodea,
sin comportar riesgos más serios.
Pero según determinan los recientes estudios
publicados por médicos del Hospital de Navarra,
la apnea en la gente mayor es un factor que duplica
la posibilidad de sufrir ataques de corazón.
Y es que si ya con anterioridad otras investigaciones
habían apuntado la relación entre ambas
enfermedades, el experimento navarro se ha concentrado
en un grupo de personas de más de setenta años,
que sufrían apnea pero que no habían sufrido
enfermedades coronarias. Tras seis años de búsqueda,
y teniendo presentes otros determinantes como por ejemplo
la edad, la condición física, el tabaquismo
o el sexo, se ha llegado a la conclusión de que
la incidencia de infartos era entre ellos 2,5 veces
superior a la de la población libre de apnea.
Esta clase de noticias hace que, especialmente si se
pertenece a un grupo de riesgo -la enfermedad se presenta
a menudo en individuos con obesidad o en fuertes consumidores
de alcohol-, se deba guardar atención a la apnea
y no despreocuparse de ella como si se tratara de un
problema subalterno y menor. La visita al especialista
para someterse a un tratamiento, que muchas veces puede
resolver fácilmente el problema, es lo más
adecuado en estos casos.