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Calentamientos, los prolegómenos inevitables

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Calentamientos, los prolegómenos inevitables
29/08/2006

Acostumbran a dar pereza y a hacerse de mala gana, incluso a escamotearse muy a menudo. Hay quienes se excusan diciendo que sólo son necesarios para la práctica profesional y de competición.

Sabe mal ejercer de aguafiestas, pero eso no es verdad. Los calentamientos convienen a todos los deportistas, sin distinción de estado de forma, disciplina o intensidad de su ejercicio. A fin de cuentas, un cuarto de hora de estiramientos siempre es mejor que semanas de lesiones. Y usando un poco el magín, pueden llegar a ser suficientemente divertidos como para no volver a tratar de desentender-se de ellos.

Y es que, al calentar, preparamos el cuerpo progresivamente para afrontar el esfuerzo subsiguiente, de forma que los músculos y las articulaciones ganan flexibilidad y el organismo va subiendo su frecuencia de respiración y circulación de la sangre sin brusquedad. Este periodo de habituación hace no se coja desprevenido a nuestro aparato locomotor y cardiorespiratorio con un súbito cambio de ritmo.

Cada persona y cada deporte tienen unas necesidades y exigencias particulares, pero pueden darse unos consejos generales que con pequeñas adaptaciones servirán para la mayoría de amateurs. Por ejemplo, veinte minutos de calentamiento, repartido entre ejercicios genéricos y específicos, seria un comienzo ideal. Puede ponerse en marcha con una caminada a buen paso, una carrera suave o algo de bicicleta estática. Acto seguido conviene estirar los hombros, flexionar las piernas y la espalda y hacer girar las articulaciones (muñecas, rodillas, tobillos, cadera, cuello, hombros). De hecho, puede desarrollarse una tabla propia de ejercicios, siguiendo siempre el mismo orden, de forma que no se nos olvide nada y el calentamiento esté más interiorizado. Finalmente, se termina con unas repeticiones de abdominales, unas dorsales y algo más de bicicleta o de carrera a ritmo más vivo.

El resto del tiempo es útil emplearlo en calentamiento relacionado con la actividad que pensemos practicar, de forma que el cuerpo se habitúe también progresivamente a las posturas y técnicas que exige el deporte en cuestión. Y además, acostumbran a ser una parte más agradecida y entretenida del entrenamiento, de forma que reducen a diez minutos la fase más fatigosa. Diez minutos que compensan sobradamente, como bien podrá confirmarnos cualquiera que haya sufrido estiradas y esguinces por tratar de ahorráselos.
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