
Acostumbran
a dar pereza y a hacerse de mala gana, incluso a escamotearse
muy a menudo. Hay quienes se excusan diciendo que sólo
son necesarios para la práctica profesional y
de competición.
Sabe mal ejercer de aguafiestas, pero eso no es verdad.
Los calentamientos convienen a todos los deportistas,
sin distinción de estado de forma, disciplina
o intensidad de su ejercicio. A fin de cuentas, un cuarto
de hora de estiramientos siempre es mejor que semanas
de lesiones. Y usando un poco el magín, pueden
llegar a ser suficientemente divertidos como para no
volver a tratar de desentender-se de ellos.
Y es que, al calentar, preparamos el cuerpo progresivamente
para afrontar el esfuerzo subsiguiente, de forma que
los músculos y las articulaciones ganan flexibilidad
y el organismo va subiendo su frecuencia de respiración
y circulación de la sangre sin brusquedad. Este
periodo de habituación hace no se coja desprevenido
a nuestro aparato locomotor y cardiorespiratorio con
un súbito cambio de ritmo.
Cada persona y cada deporte tienen unas necesidades
y exigencias particulares, pero pueden darse unos consejos
generales que con pequeñas adaptaciones servirán
para la mayoría de amateurs. Por ejemplo, veinte
minutos de calentamiento, repartido entre ejercicios
genéricos y específicos, seria un comienzo
ideal. Puede ponerse en marcha con una caminada a buen
paso, una carrera suave o algo de bicicleta estática.
Acto seguido conviene estirar los hombros, flexionar
las piernas y la espalda y hacer girar las articulaciones
(muñecas, rodillas, tobillos, cadera, cuello,
hombros). De hecho, puede desarrollarse una tabla propia
de ejercicios, siguiendo siempre el mismo orden, de
forma que no se nos olvide nada y el calentamiento esté
más interiorizado. Finalmente, se termina con
unas repeticiones de abdominales, unas dorsales y algo
más de bicicleta o de carrera a ritmo más
vivo.
El resto del tiempo es útil emplearlo en calentamiento
relacionado con la actividad que pensemos practicar,
de forma que el cuerpo se habitúe también
progresivamente a las posturas y técnicas que
exige el deporte en cuestión. Y además,
acostumbran a ser una parte más agradecida y
entretenida del entrenamiento, de forma que reducen
a diez minutos la fase más fatigosa. Diez minutos
que compensan sobradamente, como bien podrá confirmarnos
cualquiera que haya sufrido estiradas y esguinces por
tratar de ahorráselos.