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Avive el seso y despierte...

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Avive el seso y despierte...
29/08/2006

Una de las preocupaciones más inquietantes para los que entran en la madurez o se acercan a la tercera edad no es tanto la disminución de ciertas aptitudes físicas (fuerza, resistencia, agilidad, flexibilidad), que se acepta con filosófica resignación, cuanto el deterioro de las facultades mentales, muy especialmente de la memoria. Pero una buena capacidad de recordar no sólo depende de la edad, y su decadencia no es en absoluto fatal e irreversible.

Muchísimos casos prueban que a edades muy avanzadas se pueden conservar dotes y habilidades que no desmerezcan de las de personas más jóvenes: es simple cuestión de conservar la buena forma. Porque si bien los mecanismos de la retentiva pueden perder vigor por muchos factores –estrés, vida desordenada y malos hábitos nutricionales, herencia genética- es la falta de ejercitación el que más acusadamente lleva a su declive.

La actividad intelectual es el antídoto que más garantías ofrece contra la oxidación mental. Algunas personas, por su profesión o aficiones, lo tienen más sencillo, pero si nos preocupa la pérdida de memoria y percibimos que no la ponemos suficientemente en funcionamiento procede buscar una actividad que nos exija emplearla de forma habitual. Estudiar una lengua o versarse en alguna disciplina académica, escribir unas memorias o un cuaderno de recuerdos, leer y luego recordar lo leído o contárselo a alguien, adquirir conocimientos de alguna materia que nos pida memorizar datos y procesos. Todas son buenas opciones para preservar la fluidez cerebral. Y aunque a veces se tenga la sensación de que hubiese resultado una empresa más sencilla con unos cuantos años menos, la satisfacción que se obtiene cuando se comprueba lo bien que aun le funciona a uno el magín a pesar de la edad compensa de esos momentos de desaliento.

Además, como refuerzo, o en caso de que ninguna de las actividades arriba descritas sea factible, se pueden hacer otros tipos de gimnasia mental. Ejercicios como memorizar una información, una noticia, un texto, un poema y tratar de repetirla al cabo de unos días, de una semana y de varias semanas, hacer la compra sin lista y procurar no dejarse nada, resolver crucigramas y otros divertimentos enigmísticos, aprender y no olvidar palabras insólitas o datos curiosos, etc.

También son muy prácticos ciertos recursos que nos darán la impresión de recordar mejor las cosas, los llamados procedimientos mnemotécnicos. Son trucos como poner en papel las cosas que queremos recordar, porque al escribirlas se retienen mejor. También es muy útil desarrollar asociaciones mentales –imágenes o colores que nos remiten a los conceptos que queremos retener. En añadidura, un porcentaje muy importante de la información que guardamos es visual, por lo que cuando nos falle la memoria nada será más eficaz que vincularla a una imagen o secuencia de imágenes.

Si nos atenemos a estos principios, y añadimos a ellos una buena alimentación que no abunde en grasas saturadas –obstructora de las arterias y causante de mala circulación- y mantenemos a raya los excesos etílicos –el alcohol afecta a la transmisión neuronal- y cuidamos que nuestro reposo sea suficiente, no será necesario atender a la demanda manriqueña del título de éste artículo: el seso ya lo tendremos vivo y despierto de oficio.
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