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Senderismo: fiebre de caminos

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Senderismo: fiebre de caminos
14/09/2006

Andar está inscrito en la herencia genética de los hombres y, entre algunos pueblos que han conservado el nomadismo, el valor del tránsito tiene un sentido casi religioso. De hecho, el peregrinaje ha sido uno de los más decisivos hechos culturales de la humanidad, mientras que sin las rutas de trashumancia no se entendería buena parte del tejido socio-cultural de nuestro pasado más reciente. Y no han faltado los grandes poetas andariegos que han glosado la belleza de las largas travesías, su poder transformador.

Sin embargo, los medios de transporte modernos, el progresivo sedentarismo, el abandono de algunos oficios y hábitos que hacían vida de camino llevó al deterioro de muchas de esas antiguas rutas.
El nacimiento del senderismo tuvo como acicate la recuperación de este legado que estaba amenazado y su reutilización para una actividad recreativa. Así fue como empezaron a balizarse senderos bajo la égida de la European Ramblers Asociation. El empleo de unas señales más o menos estandarizadas y una buena clasificación de las rutas practicables del continente han sido los motores de su actividad reguladora, que se ha ido llevando a término gracias a la voluntad y esfuerzo de Sociedades y Grupos excursionistas, así como de las federaciones de montañismo. Por lo común, se contemplan cuatro tipos de posibilidades: los GR (grandes recorridos), los PR (pequeños recorridos), los SL (senderos locales) y los SU (senderos urbanos).

Uno de los grandes atractivos del senderismo es poder recorrer esos caminos que en muchos casos fueron otrora utilizados como rutas ganaderas y comerciales, travesías mineras, vías de peregrinación, exilio o contrabandismo y etc. La experiencia de estrecho contacto con la naturaleza se funde así con la evocación de vivencias de antaño hoy ya irrecuperables.
Pero si el senderismo ha tenido un predicamento tan amplio ha sido por ofrecer esos encantos sin necesidad de grandes conocimientos técnicos o despliegues de recursos. A diferencia del montañismo, con el que comparte cierto espíritu y origen, el senderismo no requiere más que un calzado adecuado y una bolsa para llevar agua y comida. Y aunque en la práctica de este deporte puede darse con rutas de alta montaña que exigen un gran estado de forma, siempre puede buscarse un recorrido a la medida de nuestras aptitudes, desde los de mínima dificultad a los de más avanzada. La variedad de paisajes y entornos, de rastros y hallazgos al alcance del aficionado también es fabulosa: afortunadamente, y mientras el acoso al territorio de los últimos tiempos no lo impida, la red de senderos que han ido asentando las federaciones de cada comunidad es rica y diversa. También las distancias a cubrir van de los paseos que puedan tomar una hora a las grandes travesías continentales que cruzan varios países.

En ocasiones venideras entraremos en detalles de algunos de estos senderos, ya se trate de los más impresionantes o de los más secretos y escondidos. Por ahora, baste saber que el senderismo es una actividad pujante, con un buen número de asociaciones abiertas para iniciarse, con consolidadas revistas especializadas que pormenorizan rutas en cada una de sus entregas y con editoriales que ponen a disposición al aficionado buenos mapas que facilitaran la labor de cualquiera que haya decidido reemprender una de las más antiguas aventuras humanas: arrojarse a los caminos e inundarse de mundo.

¿Será ese su caso?
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