
Andar
está inscrito en la herencia genética
de los hombres y, entre algunos pueblos que han conservado
el nomadismo, el valor del tránsito tiene un
sentido casi religioso. De hecho, el peregrinaje ha
sido uno de los más decisivos hechos culturales
de la humanidad, mientras que sin las rutas de trashumancia
no se entendería buena parte del tejido socio-cultural
de nuestro pasado más reciente. Y no han faltado
los grandes poetas andariegos que han glosado la belleza
de las largas travesías, su poder transformador.
Sin embargo, los medios de transporte modernos, el progresivo
sedentarismo, el abandono de algunos oficios y hábitos
que hacían vida de camino llevó al deterioro
de muchas de esas antiguas rutas.
El nacimiento del senderismo tuvo como acicate la recuperación
de este legado que estaba amenazado y su reutilización
para una actividad recreativa. Así fue como empezaron
a balizarse senderos bajo la égida de la
European
Ramblers Asociation. El empleo de unas señales
más o menos estandarizadas y una buena clasificación
de las rutas practicables del continente han sido los
motores de su actividad reguladora, que se ha ido llevando
a término gracias a la voluntad y esfuerzo de
Sociedades y Grupos excursionistas, así como
de las federaciones de montañismo. Por lo común,
se contemplan cuatro tipos de posibilidades: los GR
(grandes recorridos), los PR (pequeños recorridos),
los SL (senderos locales) y los SU (senderos urbanos).
Uno de los grandes atractivos del senderismo es poder
recorrer esos caminos que en muchos casos fueron otrora
utilizados como rutas ganaderas y comerciales, travesías
mineras, vías de peregrinación, exilio
o contrabandismo y etc. La experiencia de estrecho contacto
con la naturaleza se funde así con la evocación
de vivencias de antaño hoy ya irrecuperables.
Pero si el senderismo ha tenido un predicamento tan
amplio ha sido por ofrecer esos encantos sin necesidad
de grandes conocimientos técnicos o despliegues
de recursos. A diferencia del montañismo, con
el que comparte cierto espíritu y origen, el
senderismo no requiere más que un calzado adecuado
y una bolsa para llevar agua y comida. Y aunque en la
práctica de este deporte puede darse con rutas
de alta montaña que exigen un gran estado de
forma, siempre puede buscarse un recorrido a la medida
de nuestras aptitudes, desde los de mínima dificultad
a los de más avanzada. La variedad de paisajes
y entornos, de rastros y hallazgos al alcance del aficionado
también es fabulosa: afortunadamente, y mientras
el acoso al territorio de los últimos tiempos
no lo impida, la red de senderos que han ido asentando
las federaciones de cada comunidad es rica y diversa.
También las distancias a cubrir van de los paseos
que puedan tomar una hora a las grandes travesías
continentales que cruzan varios países.
En ocasiones venideras entraremos en detalles de algunos
de estos senderos, ya se trate de los más impresionantes
o de los más secretos y escondidos. Por ahora,
baste saber que el senderismo es una actividad pujante,
con un buen número de asociaciones abiertas para
iniciarse, con consolidadas revistas especializadas
que pormenorizan rutas en cada una de sus entregas y
con editoriales que ponen a disposición al aficionado
buenos mapas que facilitaran la labor de cualquiera
que haya decidido reemprender una de las más
antiguas aventuras humanas: arrojarse a los caminos
e inundarse de mundo.
¿Será ese su caso?