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Sin tabaco... y sin kilos de más

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Sin tabaco... y sin kilos de más
22/09/2006

No, no se trata de una leyenda ni se puede atribuir solamente a un aumento del apetito derivado de la ansiedad. El tabaco deja sentir sus perniciosos efectos incluso después de haberlo abandonado y está demostrado que un 50% de ex fumadores engordan al quitarse del hábito.
Si bien es cierto que la supresión de las dosis de nicotina provoca un anhelo acuciante que muchas personas tratan de aliviar con comida, la causa más determinante de este incremento de peso es el efecto que la sustancia tiene en nuestro metabolismo. La nicotina lo acelera, de modo que cuando se suprime la absorción de alimentos se hace más lenta y se queman más despacio las calorías.

Aunque los estudios determinen que son las mujeres menores de 55 años y que han fumado cerca de un paquete diario las que más riesgos sufren de coger unos kilos de más, no hay una forma segura de prever quien engordará y quien vadeará sin mayores percances ese arroyo. Por ese motivo, y teniendo en cuenta lo difícil que ya resulta de por sí perseverar en el empeño, conviene tomar algunas precauciones y seguir algunos consejos para minimizar el trastorno.
  • En primer lugar, hay que alejar la tentación de volver a fumar, porque esa recaída no hace perder completamente el peso ganado. Así que la decisión debe tomarse a conciencia y recabando toda la ayuda que sea precisa para ello. El mejor momento será aquel en el que ningún apremio o presión superior a la habitual impulse a echar mano del cigarrillo.

  • Una estrategia posible es reducir progresivamente el consumo unos días antes del total abandono. Es importante eliminar el automatismo con el que se fuman algunos cigarrillos, para que no sean luego substituidos también automáticamente por comida o golosinas sustitutorias.

  • Hay que fortificar la voluntad y permanecer alerta a la tentación de comer. Una táctica que puede funcionar es la de sustituir esos momentos que tenemos asociados al tabaco por una actividad alternativa: tomar agua, leer, hacer ejercicios de relajación, masticar chicle o cualquier cosa que mitigue la ansiedad.

  • Debe tenerse presente que el impulso de fumar irá debilitándose con el paso de las semanas. La dependencia física se supera bastante rápidamente, es la psicológica la que más perdura. Pero el hecho de resistir las ganas también da ánimos para seguir y mejora la autoestima, por lo que cuanto más tiempo vaya pasando, más probable será el éxito final. Es importante tener esta perspectiva en mente en los duros momentos iniciales.

  • El ejercicio físico no sólo ayuda a mantener los kilos a raya, también reduce la tensión, por lo que es el aliado perfecto para el proceso de desintoxicación.

  • Las comidas frugales y repartidas a lo largo del día son siempre las más recomendables desde un punto de vista dietético. Razón de más para habituarse a ellas cuando quiere evitarse engordar después de dejar el tabaco.
Y, por último, no hay que desdeñar la posibilidad de pedir consejo profesional. El concurso de un médico o farmacéutico nos puede ser muy beneficioso, ya sea facilitándonos un producto que haga más llevadero el “síndrome de abstinencia” o haciéndonos un seguimiento nutricional. Porque aunque la lucha contra el tabaquismo y sus efectos se tome muchas veces como una cuestión personal, no hay nada deshonroso en buscarse los mejores refuerzos.
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