
Las
aventuras del capitán Alatriste, un valeroso
soldado al servicio de su majestad, Felipe IV, en la
España imperial del siglo XVII, recientemente
llevadas al cine, han vuelto a despertar el interés
por la
esgrima. Bien por los elegantes movimientos
de este deporte, vinculado a la antigua nobleza, bien
porque recuerdan a los duelos al alba entre caballeros
románticos, lo cierto es que la concepción
de la esgrima se ha relacionado con la fantasía
y la historia, además de haber formado parte
de los juegos de muchos niños.
La evolución de las armas de fuego durante el
Renacimiento hizo inútil el uso de las espadas
en la guerra, por ello, quedaron relegadas a una disciplina
de sala. Definida como el arte de defensa y ataque
con una espada, florete o un arma similar, la
esgrima no fue reconocida como deporte olímpico
hasta 1896, con su inclusión en los primeros
juegos olímpicos de la era moderna.
Como disciplina deportiva, la esgrima enfrenta a dos
contrincantes -llamados tiradores- que deben intentar
tocarse con un arma blanca: esto es, un
sable,
un
florete o una
espada. Cada una de estas
armas implica, a su vez, una modalidad de este deporte.
El florete es considerado el arma básica de la
esgrima. Se trata de una hoja rectangular de acero,
flexible y ligera que se usa para tocar embistiendo
al contrario. En líneas generales, en esta modalidad
sólo puntúan las tocadas con el extremo
del florete que se hagan en el torso del contrario,
excluyendo los brazos.
En el caso de la esgrima con espada, otra arma de estocada
de construcción rígida y más pesada
que el florete, puntúa el tirador que toque antes
a su contrincante en cualquier parte del cuerpo. Sin
embargo, cuando el arma es el sable, cuya hoja de acero
tiene forma de T, los tocados se obtienen embistiendo
con la punta o provocando un corte con el filo de la
hoja al contrario de cintura para arriba, incluida la
cabeza.
El desarrollo de la tecnología en los últimos
años también se ha incorporado a la esgrima,
permitiendo el registro electrónico de los tocados
y la mejora en la seguridad de los tiradores, que, sin
miedo a accidentes, pueden disfrutar de este bello y
elegante deporte.