
A
medida que la técnica y la experiencia lo han
ido permitiendo, lo que hace unos años suponía
abrir caminos en el corazón de la dificultad
se ha convertido en el tránsito de una senda
practicable para casi cualquiera. Los deportes antaño
llamados extremos no presentan los impedimentos que
otrora los hacia feudo exclusivo de los más osados,
y han surgido empresas que facilitan el disfrute de
sus adaptaciones más asequibles. Desprenderse
por ríos furiosos, ganar barrancos, desafiar
los cielos y contemplar el hermoso poderío de
la naturaleza sin cortapisas son ya una fuente de ingresos
de primera magnitud en las zonas naturales de buena
parte del mundo.
Sin embargo, el prejuicio de que sin una extraordinaria
forma física son ocios inabordables ha continuado
pesando. Contrariamente, uno de los principales esfuerzos
de los empeñados en difundir estas formas de
deporte alternativo ha consistido en habilitar actividades
para todo tipo de personas y garantizar toda la seguridad
posible a sus practicantes sin importar su edad o grado
de iniciación.
Evidentemente, no hay que engañarse. Algunos
de estos ejercicios no están recomendados en
personas que tengan afecciones cardiacas, y otros pueden
suponer un desgaste de articulaciones desaconsejable
si se han padecido de problemas de ese orden. Pero siendo
bien consciente de las posibilidades de cada uno y poniéndose
bajo la supervisión de monitores que preparan
las actividades teniendo en cuenta la edad, la condición
y la experiencia de los integrantes de una expedición,
los riesgos de sufrir percances son iguales a las de
cualquier deporte convencional.
Quienes más precauciones deberían tomar
son quienes tengan problemas cardiovasculares (caso
en el que se recomienda abstenerse de disciplinas como
el puenting). Por lo demás, y pese a que se evitan
todos los riesgos, al contratar los servicios de una
empresa especializada se suele suscribir un seguro que
cubre cualquier contratiempo. Cabe tener en cuenta que,
gracias al dominio de estos profesionales, los equipos
están preparados para anticiparse a los posibles
accidentes y que, ante situaciones de riesgo, la seguridad
siempre prima sobre la aventura. Por ejemplo, en actividades
aéreas se evitan por completo las condiciones
metereológicas desfavorables y en piragüismo
o rafting se inicia a los recién llegados en
trazados fáciles y sin apenas posibilidad de
exponerse a los más duros torrentes. Sea como
sea, una máxima de las compañías
de aventura es no forzar o presionar nunca a hacer cosas
para las que uno no se siente capacitado, e incluso
intervenir rápidamente ante la previsión
de que eso suceda.
En el momento presente, actividades como el descenso
de aguas bravas, el vuelo en parapente y ala delta o
los ya tradicionales trekking (salidas de senderismo
y travesías de media montaña) se llevan
la parte del león del mercado del "deporte
de riesgo". La espeleología o el barranquismo
también ganan adeptos, aunque hay que introducirse
en ellos con la oportuna calma. Otras disciplinas todavía
estan vedadas a los no profesionales, y quizás
los sigan estando: el alpinismo o el esqui extremo presentan
unas dificultades que no todo el mundo puede encarar.
Pero tampoco es una cuestión de edad, sino de
experiencia: algunos de los mejores escaladores continuan
sus gestas pasados los 50.
En el resto de casos, con buen juicio sobre las propias
fuerzas, la edad ya no es excusa para no dar rienda
suelta a los sueños de niñez. ¿Quién
dijo miedo?