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Deportes de aventura en la madurez
10/10/2006

A medida que la técnica y la experiencia lo han ido permitiendo, lo que hace unos años suponía abrir caminos en el corazón de la dificultad se ha convertido en el tránsito de una senda practicable para casi cualquiera. Los deportes antaño llamados extremos no presentan los impedimentos que otrora los hacia feudo exclusivo de los más osados, y han surgido empresas que facilitan el disfrute de sus adaptaciones más asequibles. Desprenderse por ríos furiosos, ganar barrancos, desafiar los cielos y contemplar el hermoso poderío de la naturaleza sin cortapisas son ya una fuente de ingresos de primera magnitud en las zonas naturales de buena parte del mundo.

Sin embargo, el prejuicio de que sin una extraordinaria forma física son ocios inabordables ha continuado pesando. Contrariamente, uno de los principales esfuerzos de los empeñados en difundir estas formas de deporte alternativo ha consistido en habilitar actividades para todo tipo de personas y garantizar toda la seguridad posible a sus practicantes sin importar su edad o grado de iniciación.

Evidentemente, no hay que engañarse. Algunos de estos ejercicios no están recomendados en personas que tengan afecciones cardiacas, y otros pueden suponer un desgaste de articulaciones desaconsejable si se han padecido de problemas de ese orden. Pero siendo bien consciente de las posibilidades de cada uno y poniéndose bajo la supervisión de monitores que preparan las actividades teniendo en cuenta la edad, la condición y la experiencia de los integrantes de una expedición, los riesgos de sufrir percances son iguales a las de cualquier deporte convencional.

Quienes más precauciones deberían tomar son quienes tengan problemas cardiovasculares (caso en el que se recomienda abstenerse de disciplinas como el puenting). Por lo demás, y pese a que se evitan todos los riesgos, al contratar los servicios de una empresa especializada se suele suscribir un seguro que cubre cualquier contratiempo. Cabe tener en cuenta que, gracias al dominio de estos profesionales, los equipos están preparados para anticiparse a los posibles accidentes y que, ante situaciones de riesgo, la seguridad siempre prima sobre la aventura. Por ejemplo, en actividades aéreas se evitan por completo las condiciones metereológicas desfavorables y en piragüismo o rafting se inicia a los recién llegados en trazados fáciles y sin apenas posibilidad de exponerse a los más duros torrentes. Sea como sea, una máxima de las compañías de aventura es no forzar o presionar nunca a hacer cosas para las que uno no se siente capacitado, e incluso intervenir rápidamente ante la previsión de que eso suceda.

En el momento presente, actividades como el descenso de aguas bravas, el vuelo en parapente y ala delta o los ya tradicionales trekking (salidas de senderismo y travesías de media montaña) se llevan la parte del león del mercado del "deporte de riesgo". La espeleología o el barranquismo también ganan adeptos, aunque hay que introducirse en ellos con la oportuna calma. Otras disciplinas todavía estan vedadas a los no profesionales, y quizás los sigan estando: el alpinismo o el esqui extremo presentan unas dificultades que no todo el mundo puede encarar. Pero tampoco es una cuestión de edad, sino de experiencia: algunos de los mejores escaladores continuan sus gestas pasados los 50.
En el resto de casos, con buen juicio sobre las propias fuerzas, la edad ya no es excusa para no dar rienda suelta a los sueños de niñez. ¿Quién dijo miedo?
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