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En forma de nuevo: ejercicios de flexibilidad

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En forma de nuevo: ejercicios de flexibilidad
31/10/2006

Cuando por iniciativa personal o recomendación médica se decide emprender alguna actividad deportiva, pero hace ya tiempo que ha dejado de practicarse cualquier ejercicio, pueden surgir dudas acerca de la mejor manera de volver a ponerse en marcha.
Una buena opción puede consistir en inscribirse a cursos de iniciación que ayuntamientos o instalaciones deportivas suelen tener a disposición de nuevos practicantes: natación, yoga o tai-chi figuran entre las más solicitadas y que más aprobación facultativa merecen.
Sin embargo, si sufrimos falta de disponibilidad, de tiempo o la necesidad de sacudirnos un poco el óxido y ponernos a prueba antes de apuntarnos a nada, hay también algunas maneras de ejercitarse con unos mínimos recursos y al ritmo que más nos convenga. Basta con habilitarse un pequeño espacio en casa y algo de disciplina para dedicar cuatro o cinco veces a la semana un ratito a nuestro proyecto de ponernos en forma.
Y para comenzar, la recuperación de algo de flexibilidad nos será de suma utilidad, porque es un fundamento para practicar con más facilidad y mejor rendimiento cualquier deporte que tengamos en mente. Con los años, la elasticidad natural se va perdiendo, pero trabajando con perseverancia pueden notarse progresos en un periodo corto de tiempo, y nos servirá para recuperar vigor, perfeccionar nuestros hábitos posturales y animarnos a proseguir.

Lo primero será disponer de un lugar con espacio para moverse sin estorbos, procurarse ropa cómoda, un ambiente tranquilo y bien ventilado y una esterilla o colchoneta que aísle del suelo y reduzca el frío y dureza del contacto directo.
Antes de acometer las tablas de ejercicios, es preferible hacer algún tipo de calentamiento previo que prepare los músculos y aumente el riego sanguíneo. Un paseo o unos minutos de bicicleta estática pueden ser más que suficientes en un principio.

Lo más importante es ser constante y paciente e ir aumentando lentamente la intensidad en sucesivas sesiones, a medida que notemos que aumentan nuestras posibilidades. El ritmo debe ser suave, sin forzar posiciones y con una respiración profunda y acompasada.
Se puede empezar por fijar unos ejercicios para activar proporcionadamente todas las partes del cuerpo. Con el tiempo será conveniente ir variando. La propuesta que ofrecemos es sólo una sugerencia posible para empezar.

Cuello Mover sin brusquedad la cabeza de atrás a delante y luego de lado a lado, extendiendo el cuello lateralmente. Háganse cinco repeticiones de cada movimiento y descánsese entre las dos series.

Hombros Con el tronco quieto, elevar primero un hombro y luego otro unas quince veces cada uno. Luego hacerlos rotar completamente sobre su propio eje otras diez veces. Rotar luego el brazo entero en toda su extensión de atrás hacia delante y luego de adelante hacia atrás unas cuatro veces de cada manera. Elevar los brazos hacia el techo y estirarlos ligeramente hacia atrás seis veces. Inspire y expire unos segundos entre cada ejercicio.

Tronco Estirados boca arriba, flexionar las piernas sobre el pecho y apretarlas con los brazos. Luego soltar una pierna y dejarla reposar en el suelo mientras se mantiene la otra flexionada. Aguantar diez segundos y cambiar de pierna. Repetir cinco veces la operación.
Sentados extender los brazos y las piernas e inclinarse hacia delante. Mantener el estiramiento unos diez segundos y repetirlo tres veces. Hacer el mismo ejercicio, sólo que con las piernas abiertas. Debe estirarse primero hacia una pierna, luego hacia otra y por último hacia el centro. Mantener las posiciones unos quince segundos.
Levantarse, adelantar una pierna y apoyar las manos en esa rodilla. Estirar progresivamente la pierna trasera hasta notar el músculo en tensión. Aguantar unos segundos y repetir tres veces. Cambiar luego de pierna de apoyo.

Piernas En posición sentada, trazar círculos con la punta del pie de izquierda a derecha y luego a la inversa. Hacer diez repeticiones con cada pie. Luego flexionar y extender el pie las mismas veces.
Apoyarse en el respaldo de una silla y con la planta del pie firme sobre el suelo, flexionar las rodillas hasta alcanzar una posición similar a la de estar sentado. Aguantar unos diez segundos la postura, volver al comienzo y repetir tres veces. En caso de resultarnos muy difícil, usar una pared como apoyo.
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