
Cuando
por iniciativa personal o recomendación médica
se decide emprender alguna actividad deportiva, pero
hace ya tiempo que ha dejado de practicarse cualquier
ejercicio, pueden surgir dudas acerca de la mejor manera
de volver a ponerse en marcha.
Una buena opción puede consistir en inscribirse
a cursos de iniciación que ayuntamientos o instalaciones
deportivas suelen tener a disposición de nuevos
practicantes: natación, yoga o tai-chi figuran
entre las más solicitadas y que más aprobación
facultativa merecen.
Sin embargo, si sufrimos falta de disponibilidad, de
tiempo o la necesidad de sacudirnos un poco el óxido
y ponernos a prueba antes de apuntarnos a nada, hay
también algunas maneras de ejercitarse con unos
mínimos recursos y al ritmo que más nos
convenga. Basta con habilitarse un pequeño espacio
en casa y algo de disciplina para dedicar cuatro o cinco
veces a la semana un ratito a nuestro proyecto de ponernos
en forma.
Y para comenzar, la recuperación de algo de flexibilidad
nos será de suma utilidad, porque es un fundamento
para practicar con más facilidad y mejor rendimiento
cualquier deporte que tengamos en mente. Con los años,
la elasticidad natural se va perdiendo, pero trabajando
con perseverancia pueden notarse progresos en un periodo
corto de tiempo, y nos servirá para recuperar
vigor, perfeccionar nuestros hábitos posturales
y animarnos a proseguir.
Lo primero será disponer de un lugar con espacio
para moverse sin estorbos, procurarse ropa cómoda,
un ambiente tranquilo y bien ventilado y una esterilla
o colchoneta que aísle del suelo y reduzca el
frío y dureza del contacto directo.
Antes de acometer las tablas de ejercicios, es preferible
hacer algún tipo de calentamiento previo que
prepare los músculos y aumente el riego sanguíneo.
Un paseo o unos minutos de bicicleta estática
pueden ser más que suficientes en un principio.
Lo más importante es ser constante y paciente
e ir aumentando lentamente la intensidad en sucesivas
sesiones, a medida que notemos que aumentan nuestras
posibilidades. El ritmo debe ser suave, sin forzar posiciones
y con una respiración profunda y acompasada.
Se puede empezar por fijar unos ejercicios para activar
proporcionadamente todas las partes del cuerpo. Con
el tiempo será conveniente ir variando. La propuesta
que ofrecemos es sólo una sugerencia posible
para empezar.
Cuello Mover sin brusquedad la cabeza de atrás
a delante y luego de lado a lado, extendiendo el cuello
lateralmente. Háganse cinco repeticiones de cada
movimiento y descánsese entre las dos series.
Hombros Con el tronco quieto, elevar primero
un hombro y luego otro unas quince veces cada uno. Luego
hacerlos rotar completamente sobre su propio eje otras
diez veces. Rotar luego el brazo entero en toda su extensión
de atrás hacia delante y luego de adelante hacia
atrás unas cuatro veces de cada manera. Elevar
los brazos hacia el techo y estirarlos ligeramente hacia
atrás seis veces. Inspire y expire unos segundos
entre cada ejercicio.
Tronco Estirados boca arriba, flexionar las piernas
sobre el pecho y apretarlas con los brazos. Luego soltar
una pierna y dejarla reposar en el suelo mientras se
mantiene la otra flexionada. Aguantar diez segundos
y cambiar de pierna. Repetir cinco veces la operación.
Sentados extender los brazos y las piernas e inclinarse
hacia delante. Mantener el estiramiento unos diez segundos
y repetirlo tres veces. Hacer el mismo ejercicio, sólo
que con las piernas abiertas. Debe estirarse primero
hacia una pierna, luego hacia otra y por último
hacia el centro. Mantener las posiciones unos quince
segundos.
Levantarse, adelantar una pierna y apoyar las manos
en esa rodilla. Estirar progresivamente la pierna trasera
hasta notar el músculo en tensión. Aguantar
unos segundos y repetir tres veces. Cambiar luego de
pierna de apoyo.
Piernas En posición sentada, trazar círculos
con la punta del pie de izquierda a derecha y luego
a la inversa. Hacer diez repeticiones con cada pie.
Luego flexionar y extender el pie las mismas veces.
Apoyarse en el respaldo de una silla y con la planta
del pie firme sobre el suelo, flexionar las rodillas
hasta alcanzar una posición similar a la de estar
sentado. Aguantar unos diez segundos la postura, volver
al comienzo y repetir tres veces. En caso de resultarnos
muy difícil, usar una pared como apoyo.