
Enfermedad
de la aristocracia muy antiguamente documentada y viñeta
recurrente de humor gráfico: la gota, así
como las concentraciones demasiado elevadas de ácido
úrico, es uno de los males que en estas fechas
tratan de conjurar los más insaciables comilones,
los degustadores de mariscos y grandes tajadas de carnes
rojas.
Aunque la gota es un trastorno hereditario que supone
la formación de unas sales que dañan las
articulaciones y dan lugar a los consabidos y terribles
dolores que comienzan en la punta del dedo gordo del
pie, las hiperuricemias (concentración en sangre
de ácido úrico superior a los 7 miligramos
por decilitro) no tienen que llegar a ese extremo. Sin
embargo, precisamente para evitarlo, es necesario controlarlas
tan buen punto se detectan, pues a mayores niveles mayores
son también las posibilidades de sufrir gota
y otros trastornos renales asociados como cálculos
y nefropatías.
Pese a que el propio médico, en caso de observar
alteraciones de ese valor, será quien recomiende
una dieta, tampoco está mal prevenir si se sabe
propenso a padecer de ellas. Conviene así moderar
la ingesta de quesos grasos y nata entera, bollos y
pasteles con altos contenidos en manteca, verduras que
lleven muchas purinas como las espinacas, los puerros,
la coliflor y algunas setas y, como es notorio, las
chacinas, las carnes grasas, los pescados azules y los
mariscos. Entre los alimentos más comprometedores
se encuentran también algunas piezas de casquería
como hígados y riñones. Cremas y caldos
de cualesquiera de los ingredientes anteriores también
aportan altas cantidades de úricos nada convenientes
para los organismos delicados.
Hoy por hoy, cuando se diagnostica un cuadro de hiperuricemia,
se complementan las medidas dietéticas con medicación
que si bien resulta muy eficaz también causa
algunos efectos secundarios, por lo que el control y
la moderación previas son la mejor arma contra
tan innecesarios padecimientos. Tomar agua y zumos naturales
de frutas sin añadidos de azúcar son otro
de los métodos complementarios que mejor funcionan
para mantener a raya a la dolencia que afectó
a Carlos V y a sus homólogos de la ahíta
nobleza europea. En nuestros días, no obstante,
por suerte las más de las veces, pero por desgracia
en circunstancias concretas, ya la mayoría de
la población puede permitirse las viandas que
más contribuyen a las hiperuricemias, por lo
que cualquiera está expuesto a sus perjuicios.