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Para que ''la gota'' no colme el vaso

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Para que ''la gota'' no colme el vaso
12/22/2006

Enfermedad de la aristocracia muy antiguamente documentada y viñeta recurrente de humor gráfico: la gota, así como las concentraciones demasiado elevadas de ácido úrico, es uno de los males que en estas fechas tratan de conjurar los más insaciables comilones, los degustadores de mariscos y grandes tajadas de carnes rojas.

Aunque la gota es un trastorno hereditario que supone la formación de unas sales que dañan las articulaciones y dan lugar a los consabidos y terribles dolores que comienzan en la punta del dedo gordo del pie, las hiperuricemias (concentración en sangre de ácido úrico superior a los 7 miligramos por decilitro) no tienen que llegar a ese extremo. Sin embargo, precisamente para evitarlo, es necesario controlarlas tan buen punto se detectan, pues a mayores niveles mayores son también las posibilidades de sufrir gota y otros trastornos renales asociados como cálculos y nefropatías.

Pese a que el propio médico, en caso de observar alteraciones de ese valor, será quien recomiende una dieta, tampoco está mal prevenir si se sabe propenso a padecer de ellas. Conviene así moderar la ingesta de quesos grasos y nata entera, bollos y pasteles con altos contenidos en manteca, verduras que lleven muchas purinas como las espinacas, los puerros, la coliflor y algunas setas y, como es notorio, las chacinas, las carnes grasas, los pescados azules y los mariscos. Entre los alimentos más comprometedores se encuentran también algunas piezas de casquería como hígados y riñones. Cremas y caldos de cualesquiera de los ingredientes anteriores también aportan altas cantidades de úricos nada convenientes para los organismos delicados.

Hoy por hoy, cuando se diagnostica un cuadro de hiperuricemia, se complementan las medidas dietéticas con medicación que si bien resulta muy eficaz también causa algunos efectos secundarios, por lo que el control y la moderación previas son la mejor arma contra tan innecesarios padecimientos. Tomar agua y zumos naturales de frutas sin añadidos de azúcar son otro de los métodos complementarios que mejor funcionan para mantener a raya a la dolencia que afectó a Carlos V y a sus homólogos de la ahíta nobleza europea. En nuestros días, no obstante, por suerte las más de las veces, pero por desgracia en circunstancias concretas, ya la mayoría de la población puede permitirse las viandas que más contribuyen a las hiperuricemias, por lo que cualquiera está expuesto a sus perjuicios.
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