
El
cruce de libros, o el término inglés
con el cual se ha hecho popular, el
bookcrossing,
no tiene unos orígenes que puedan datarse con
exactitud. Es algo tan espontáneo como olvidarse
un volumen en el banco de un parque y que alguien lo
recoja o, más poèticament, dejar en algún
escondrijo una novela que ya hemos acabado con la intención
de que alguien se la encuentre y la disfrute tanto o
más que nosotros. En el trasfondo del bookcrossing,
ya esté guiado por el azar o por la propia voluntad,
reside la noción de alargamiento de la vida activa
de los libros mediante la multiplicació de sus
lectores, la extensión de su influencia y la
magia de encontrárselos como un regalo inesperado
y quizás precioso. Conceptos que son fáciles
de entender para los letraheridos y para todos aquellos
que con Borges consideran que el libro es la invención
más genial de la humanidad.
Y así, no resulta extraño que en cierto
momento el bookcrossing se oficializara, tomara una
forma definida y buscara reunir a los aficionados a
esta práctica y permitirles una regularidad en
sus quehaceres. Se acredita a Ron Hornbaker como al
hombre que formalizó el bookcrossing y se sirvió
de Internet para llevarlo a una nueva dimensión.
El bookcrossing, según la concepción de
Hornbaker y sus seguidores, consiste en liberar
un libro en la jungla (soltar un libro en algún
lugar público en el argot de los iniciados) y
dejar una anotación en las webs y foros creados
para ese fin de modo que el hecho sea puesto en conocimiento
de los aficionados. Para respetar el verdadero espíritu
del cruce de libros, cuando aquel que haya encontrado
un tomo haya terminado su lectura tendrá que
volver a liberarlo y recomenzar el proceso descrito.
Y no es cosa de broma: en todo el mundo ya se calcula
en medio millón el número de quienes cumplen
estos preceptos y se consideran parte del movimiento
bookcrosser.
Pero no se tiene que pensar que sólo los cerebros
de la informática puedan seguir los requerimientos
para hacer bookcrossing. Completamente gratis, basta
con darse de alta en una de las webs de cabecera del
bookcrossing internacional o local, obtener un número
para el libro que se quiera hacer correr por el mundo,
anotarlo en su contracubierta pidiendo que quien se
haga con él entre en la web, notifique su hallazgo
y, a su vez, lo ponga nuevamente en circulación.
Laevolución del bookcrossing ha permitido organizar
jornadas intensivas de liberación, así
como crear variantes. La búsqueda de libros cruzados
con sistemas de GPS, al estilo del
Geocaching,
o el BookRelay, un tipo de servicio de libros a la carta
en el cual se recibe por correo el libro que se quiere
leer mientras se envía aquel que otra ha pedido,
son fenómenos de gran emergencia.
Si les ha tentado la idea, podéis empezar por
visitar
bookcrossing.com
o bien su duplicado
en
castellano.