
Las
listas de espera y la falta de suficiente personal médico
son,
como
hemos ya comentado, dos de los problemas más
graves que aquejan a nuestro sistema de Salud Pública.
Ambas situaciones, obviamente relacionadas, tienen en
su origen distintas causas que hemos referido en su
momento. Pero existe una que contribuye de forma constante
a esa sobrecarga y que es menos evidente que las demás.
Es el fenómeno que podríamos denominar
como hipevisitación.
Con ese nombre referiríamos el efecto provocado
por todas aquellas personas que van al médico
sin ningún motivo que lo justifique. En algunos
casos se trata de personas que sienten especial inclinación
por ambulatorios y hospitales y que disfrutan escuchando
las opiniones de un especialista y acuden a ellos para
pasar el rato con males y molestias inventadas. Pero
en su mayoría padecen simple hipocondría.
Se trata de un trastorno por el cual el afectado cree
padecer enfermedades de forma completamente infundada
y, para tranquilizarse, visita compulsivamente la consulta
del médico. Cualquier pequeño síntoma
es magnificado y está en continuo estrés
pensado en la posibilidad de padecer o poder contraer
alguna dolencia grave. Además, quienes la sufren,
son personas muy interesadas en problemas de salud,
bien informadas y conocedoras de síntomas, por
lo que su inmediata identificación como enfermo
imaginario no es en absoluto sencilla. Para más
inri, no suele bastarles con un sólo parecer
y deambulan por varios servicios médicos.
Como resulta evidente, la hipocondría acaba resultando
un dispendio de tiempo y recursos para el sistema sanitario
y afecta a verdaderos enfermos que sí necesitarían
con prestancia las atenciones de los profesionales.
En algunos casos, según su intensidad y recurrencia,
puede calificarse a la hipocondría como un
trastorno compulsivo que requiere de tratamiento
psicoterapéutico. En otras ocasiones es sólo
una conducta irresponsable y enfermiza que no hay que
alimentar mientras aún se esté a tiempo
de controlar. Vivir sano no sólo significa cuidarse.
También significa no obsesionarse y saber relajarse
cuando no recibimos señales de alarma.