
Los
comienzos del siglo XXI han supuesto un aumento del
interés por los problemas ambientales en buena
parte del mundo. El crecimiento de las alergias, las
enfermedades dermatológicas y los problemas respiratorios
se han relacionado con la polución atmosférica
y la disminución de la capa de ozono, entre otras
causas. Como respuesta a esta sensibilidad y como modo
de estudiar la evolución de estos fenómenos
se han creado organismos e índices que ofrecen
información sobre las condiciones del medio.
Son una forma de prevenir y anticiparse con algunas
medidas a las consecuencias que estas alteraciones puedan
provocar.
La agencia para la protección del medio ambiente
de Estados Unidos utiliza desde 1999 el AQI o
Índice
de Calidad del Aire, que se basa en la presencia
en el aire de cinco contaminantes. A su imagen y semejanza,
el Grupo de Trabajo e Información, con sedes
en Sitges y Madrid hace esa labor en España y
determina el ICA que cataloga la calidad del aire según
sea buen, admisible, mala o muy mala. En Internet puede
consultarse con actualizaciones diarias la que corresponde
a varias comunidades autónomas.
Los
enlaces podemos encontrarlos en la página
web del colegio oficial de físicos.
La llegada de la primavera acostumbra a ser también
una época crítica para los seis millones
de alérgicos al
polen que viven entre
nosotros. Conocer de antemano los índices de
su
concentración que van a encontrarse
puede servirles para protegerse de los peores ataques.
Con niveles que van de nulo a máximo, la Red
Española de Aerobiología mide los niveles
y los transmite a un Banco Polínico que permite
hacer previsiones y dar información a los medios
de comunicación. Pero
los
datos pueden consultarse on-line en la página
de la REA.
Menos divulgados y aún no urgentes por nuestra
situación en el globo, pero posiblemente más
necesarios en un futuro son los datos de
radiaciones
UV y UVI (radiaciones ultravioleta) que nos llegan.
En sus grados más serios son altamente peligrosas
dado que pueden provocar lesiones oculares, quemaduras
y, en última instancia, cánceres de piel.
El conocimiento de esos niveles puede servir para tomar
precauciones en caso de estar expuestos a circunstancias
adversas. El uso de cremas solares y otros medios de
protección es el método más eficaz
para mantenerse a salvo.
En cualquier caso, la consulta por curiosidad o necesidad
de todas estas fuentes puede ser útil para comprobar
que hay factores para una vida sana que no podemos controlar,
pero que entre todos podemos reclamar que mejoren o
cambien.