
Después
de un periodo en el que hemos evitado el ejercicio,
retomarlo puede ser causa de muchas satisfacciones,
pero también de algún contratiempo. Y
el
dolor muscular de aparición tardía,
como es llamado médicamente, y mucho más
conocido coloquialmente como
"agujetas",
es uno de los más comunes.
Sin que revista mayor gravedad, las agujetas resultan
molestas, difíciles de evitar e imposibles de
solucionar inmediatamente una vez se padecen. Sus causas
han sido muy discutidas pero, hoy por hoy, se admite
que son causadas por microrupturas de fibras musculares.
La falta de entrenamiento y resistencia hace que las
fibras más débiles del músculo
no resistan y se rompan, lo que provoca esos pinchazos
tan característicos y que explican su nombre
popular. Incluso según alguna reciente teoría,
el DOMS (siglas inglesas internacionales) representarían
un proceso positivo de reemplazo de fibras más
débiles por otras con mayor grosor y resistencia.
Los tendones, las junturas musculares y la región
abdominal son las zonas que más pueden verse
afectadas por ese dolor, que aparece unas 24 horas después
de la práctica deportiva y puede llegar a prolongarse
hasta 7 días. La
máxima intensidad
suele presentarse
a las 48 horas, momento a partir
del cual empieza a atenuarse.
Una de las explicaciones de las agujetas que ha estado
vigente hasta tiempos muy recientes, y que ahora se
ha desestimado, es la que mantenía que las células
de nuestro metabolismo sufrían una fermentación
cuando se encontraban escasas de oxigeno que acababa
produciendo ácido láctico cristalizado.
Esos cristales serían los responsables principales
de los aguijonazos. Descartada la responsabilidad de
esos cristales, también deberían desecharse
los remedios que se basaban en ella. Principalmente
el método consistente en
tomar agua con azúcar
o con bicarbonato, que
no reporta ningún
beneficio.
No hay formas ciertas de impedir la acción de
las agujetas, pero una sesión completa de estiramientos
parece que puede minimizarlas. También parece
recomendable que nuestros primeros días de ejercicio
no abunden en saltos y carreras, porque son los que
más fácilmente las desencadenan. Una vez
se padecen, la fórmula de hacerlas más
llevaderas es volver a emprender el ejercicio que las
causó, aunque a una intensidad menor.
Y nada de desánimos, porque una vez se esté
ya en marcha, las agujetas serán un recuerdo
remoto.