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Como un haz de alfileres
13/03/2007

Después de un periodo en el que hemos evitado el ejercicio, retomarlo puede ser causa de muchas satisfacciones, pero también de algún contratiempo. Y el dolor muscular de aparición tardía, como es llamado médicamente, y mucho más conocido coloquialmente como "agujetas", es uno de los más comunes.

Sin que revista mayor gravedad, las agujetas resultan molestas, difíciles de evitar e imposibles de solucionar inmediatamente una vez se padecen. Sus causas han sido muy discutidas pero, hoy por hoy, se admite que son causadas por microrupturas de fibras musculares. La falta de entrenamiento y resistencia hace que las fibras más débiles del músculo no resistan y se rompan, lo que provoca esos pinchazos tan característicos y que explican su nombre popular. Incluso según alguna reciente teoría, el DOMS (siglas inglesas internacionales) representarían un proceso positivo de reemplazo de fibras más débiles por otras con mayor grosor y resistencia.

Los tendones, las junturas musculares y la región abdominal son las zonas que más pueden verse afectadas por ese dolor, que aparece unas 24 horas después de la práctica deportiva y puede llegar a prolongarse hasta 7 días. La máxima intensidad suele presentarse a las 48 horas, momento a partir del cual empieza a atenuarse.

Una de las explicaciones de las agujetas que ha estado vigente hasta tiempos muy recientes, y que ahora se ha desestimado, es la que mantenía que las células de nuestro metabolismo sufrían una fermentación cuando se encontraban escasas de oxigeno que acababa produciendo ácido láctico cristalizado. Esos cristales serían los responsables principales de los aguijonazos. Descartada la responsabilidad de esos cristales, también deberían desecharse los remedios que se basaban en ella. Principalmente el método consistente en tomar agua con azúcar o con bicarbonato, que no reporta ningún beneficio.

No hay formas ciertas de impedir la acción de las agujetas, pero una sesión completa de estiramientos parece que puede minimizarlas. También parece recomendable que nuestros primeros días de ejercicio no abunden en saltos y carreras, porque son los que más fácilmente las desencadenan. Una vez se padecen, la fórmula de hacerlas más llevaderas es volver a emprender el ejercicio que las causó, aunque a una intensidad menor.
Y nada de desánimos, porque una vez se esté ya en marcha, las agujetas serán un recuerdo remoto.
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