
Así
convendría que funcionara el sistema digestivo
y así se sugiere en algunos anuncios que ayuda
su producto a conseguirlo. Pero el sistema digestivo
se desregula con extrema facilidad y es el primero en
el que repercute cualquier desequilibrio en nuestra
vida. Una alimentación inadecuada, cambios súbitos
en la dieta, alteraciones de nuestra rutina diaria,
estrés, viajes o la falta de ejercicio pueden
causar la aparición de
desajustes intestinales
y estreñimiento.
La dificultad para acudir regularmente al baño
podría aquejar a una quinta parte de la población
mundial, y aunque los motivos que originan el problema
son muy variados, la ausencia de fibra y deporte suelen
combinarse para encarnar el trastorno. El malestar y
la pesadez, las digestiones lentas y, a largo plazo,
consecuencias más graves, son sus principales
derivaciones.
El
consumo de fibra -contenida en verduras frutas,
cereales y legumbres- es uno de los caminos más
seguros para prevenir o remediar el estreñimiento.
Una cantidad de 30 gramos al día, que se obtiene
con unas cinco raciones de estos alimentos, es la adecuada
para conseguir un buen funcionamiento digestivo.
Frutas
como las ciruelas, los plátanos o los cítricos
y muy especialmente los
cereales integrales son
los más ricos en esta sustancia. Pero la mayoría
de especialistas en nutrición instan a acompañar
esas ingestas con abundante agua, pues es la combinación
de ambos elementos lo que facilita el correcto funcionamiento
de nuestro sistema de evacuación.
Además de los preceptos dietéticos, otros
hábitos son altamente recomendables para hacer
trabajar al intestino y reducir riesgos de estreñimiento:
ejercicio periódico,
no saltarse el
desayuno y encontrar un momento del día propicio
para poder ir al servicio sin prisas y sin incomodidades.
De hecho, el estrés asociado a la falta de horarios
y de unas mínimas rutinas es uno de los factores
que más influyen en la aparición del estreñimiento.
Asimismo, hay que tener en cuenta que en este asunto
intervienen condicionamientos genéticos que predisponen
más o menos a sufrir el problema, y que las medidas
que nos ayudarán a aumentar nuestra regularidad
no siempre son de efecto inmediato. Por eso, cuando
persiste, muchas personas tiran por el camino de en
medio y recurren a
laxantes. En una situación
concreta, y con supervisión médica, puede
ser la manera adecuada de salir del paso. Pero su uso
continuado puede llegar a modificar los tránsitos
intestinales y habituar nuestro cuerpo a su concurso,
de modo que le resulte luego difícil funcionar
si ese estimulante.