InfoSenior.es es el portal de información y servicios para clientes con Cuenta Senior   
  Castellano | Català ¿Aún no se ha registrado? [Hágalo desde aquí]  
Está usted en > Salud > Cuerpo y mente sanos > El declive del apetito
Enviar su propia consulta, aquí
[sólo para titulares con Cuenta Senior] >

El declive del apetito
13/04/2007

Algunos no sufrirán jamás este proceso y otros hasta lo envidian porque no poder sustraerse a las tentaciones de la mesa les ha dado más de un disgusto. Pero también son muchas las personas que van volviéndose inapetentes con el paso de los años y, en consecuencia, disminuyen sus ingestas de comida.

El proceso es bastante normal y, excepto en casos en que se desencadena por un problema físico o psicológico, o a resultas de un tratamiento médico, no debe considerarse como patológico. Sin embargo, sus derivaciones sí suelen tener efectos más preocupantes. Porque de no imponerse unos mínimos, la persona que deja de alimentarse suficientemente puede llegar a padecer de malnutrición, carencias vitamínicas y los efectos comunes de los trastornos anoréxicos.

Para combatir estos cuadros siempre es mejor la sutileza y la táctica que los medios expeditivos. En primer lugar hay que cobrar conciencia de que no tener hambre no significa que nuestro organismo no necesite alimento. Por eso hay que buscar la forma de seguir suministrándoselo de la manera más hábil y correcta posible.
Uno de los consejos médicos más repetidos es el fraccionamiento de las comidas. Hacer cinco o seis al día, con cantidades más reducidas de lo habitual, impide las sensaciones de empacho que aquejan reiteradamente a los afectados por este trastorno. Otro truco recomendado es servir los alimentos templados, porque llenan menos que los calientes.

En el fondo, el especialista encargado de solventar la inapetencia se ha de servir de diversas estrategias de ese tipo para engañar a aquellas personas a las que la sola idea de sentarse a la mesa les causa fatiga. Buscar combinaciones que ofrezcan variedad y poder nutricional sin aparentar ser grandes platos (frutos secos, legumbres guisadas con carne, revueltos de huevos y espárragos, etc.), descubrir qué alimentos son los favoritos del paciente y tentarle con ellos aunque sea entre comidas, no embucharle con líquidos mientras come, pues hacen llegar antes la saciedad, dar un toque aromático y cuidar la presentación de los platos, factores que suelen despertar ganas de comer y hacer algún tipo de ejercicio físico, que también las estimulará.

En bastantes casos, la perseverancia en estas medidas rescata al paciente y le devuelve su normal apetito. Poco a poco se restituyen sus hábitos normales y recupera el deseo de comer. Pero si no se obtiene fruto tras tiempo de intentarlo, habrá que valorar la posibilidad de emplear complementos dietéticos encapsulados para evitar la desnutrición.
 << Volver a CUERPO Y MENTE SANOS
Aviso legal | Política de privacidad | Seguridad | Contactar