
"Que
beban vino los hombres, los animales agua de las fuentes"
o
Omnia siccis dura (todo es duro para los abstemios).
Máximas y epigramas romanos que demuestran cómo
el regalo de Baco a la humanidad fue debidamente apreciado
desde sus principios y se le reconocieron sus valores
de civilización y sociabilidad.
Y así ha seguido la cuestión hasta nuestros
días en los que, furores puritanos y agoreros
al margen, sigue siendo tenido por fuente de bienestar
y alegría, siempre que se beba con moderación.
Pero ahora resulta que surgen también ingeniosos
métodos de ampliar esos beneficios mediante baños
y tratamientos que aprovechan las propiedades del zumo
de la uva. Algo a lo que se ha dado en llamar ampeloterapia
o vinoterapia.
Balnearios franceses de Aquitania o algunos como el
de
White Oaks en Canadá fueron pioneros
en sacar partido de su emplazamiento en una región
con fuerte afluencia turística enológica
y aplicar a sus clientes productos que tuvieran relación
con el producto. Después, en Italia, se implantaron
con singular éxito las técnicas que ahora
llegan a las regiones pertinentes del sur de los Pirineos.
La ampurdanesa villa de Perelada, villas de turismo
rural de la Ribera del Duero como Peñafiel o
caldas riojanas ya la incluyen entre sus reclamos.
Pero antes de que los más malpensados sospechen
dudosos tejemanejes comerciales, digamos que estos tratamientos
se basan en las propiedades del fruto de la viña
debidamente procesado. El aceite de semillas de uva
o los fangos de vino estimulan la producción
de
colágeno y su contenido en
polifenoles
actúa como un agente
antioxidante. Unas
cualidades que combinadas con la oferta de baños,
piscinas termales, saunas, vapores, piedras calientes,
mascarillas e hidromasajes propia de un balneario convierten
la experiencia en un delicado y perfumado relajamiento,
a la par que en un método de rejuvenecimiento
bastante grato de afrontar.
Y por si no bastaran estos estímulos, habrá
que añadir que algunos de estos centros no se
conforman con el efecto exterior y también abordan
el interior. Porque si más de un estudio médico
se ha dedicado a probar que una copa diaria de vino
puede fortalecer el sistema cardiovascular, cómo
negar al cliente un trago de los esplendidos caldos
de esas regiones.