
"Los
baños de mar, esa incomparable delicia cuando
concurren las condiciones ambientales idóneas,
no siempre ha tenido el favor de tantos como en nuestros
días. De hecho, fue la aristocracia británica
que a finales del XVIII y principios del XIX veraneaba
en East Sussex o Cornualles la que relanzó la
idea de zambullirse en las aguas del atlántico
y gozar de sus virtudes terapéuticas, reales
o atribuidas por los galenos de la época.
Pero seguro que en esos baños suyos no tenían
que bregar con los muchos inconvenientes que hoy pueden
arruinar una jornada marina.
Para empezar, la piel morena no era por entonces objeto
de especial estima, así que no había que
correr los riesgos que hoy se corren para cambiar de
tono (y tomar las precauciones que glosamos en un
artículo
anterior).
Y, desde luego, la casi ausencia de presión urbanística
e industrial sobre los litorales y los vertidos de hidrocarburos,
pesticidas agrícolas y demás elementos
tóxicos a gran escala les podía despreocupar
de unas cuantas incomodidades.
Por ejemplo, las playas sencillamente sucias o contaminadas.
El sistema de banderas azules, si bien otorgadas por
un órgano no absolutamente independiente, es
hoy uno de los medios más fiables de reconocer
la limpieza de las aguas. En la
página
web de la Federación Europea de Educación
Ambiental se pueden encontrar todas las así
reconocidas. O por lo menos saber cuáles evitar.
Otro sistema de banderas también es utilizado
para prevenir de oleajes y otras eventualidades que
desaconsejen meterse en el agua. Mientras que la amarilla
indica que se extremen las precauciones, la roja lo
prohíbe por el fuerte peligro de ahogamiento
que supone.
Las medusas son otra de las plagas más molestas
de los últimos años. Algunos municipios
incluso se han decantado por situar redes que impidan
su acceso masivo a las playas. Pero en caso de recibir
una de sus picaduras urticantes, hay que acudir rápidamente
a alguna instancia sanitaria para recibir tratamiento.
Como medidas de emergencia pueden seguirse las instrucciones
de
guías
como la editada por la Junta de Andalucia.
Los pinchazos con erizos, en zonas rocosas de costa,
son otro de los más dolorosos contratiempos de
unas vacaciones playeras. El remedio más plausible
consiste en desembarazarse de las púas que no
se hayan clavado profundamente y acudir al dispensario
sin apoyar la zona dañada para curar la herida
y recibir alguna de las pomadas que ayudan a extirpar
las púas inaccesibles.
Evitar las inmersiones en agua fría o las proezas
de nado tras comidas pesadas o tras la ingestión
de alcohol, salir del agua o resguardarse del sol si
se observan erupciones y alergias, no nadar contra corriente
en la cercanía de espigones y confiar en la autoridad
de los socorristas cuando nos den información
o nos hagan recomendaciones forman el resto del paquete
de actitudes sensatas para que nuestros contactos con
el agua tengan todos sus efectos relajantes y tonificantes
sin contrapartidas.