
La
cosmética progresa de una forma sorprendente.
O cuanto menos los departamentos de mercadotecnia así
nos lo hacen creer. La industria tradicional mantiene
enconadas batallas por un mercado que se ha ensanchado
con la llegada de hombres consumidores y con la fuerza
del culto a la juventud, y no deja de sacar nuevos productos
pretendidamente revolucionarios.
Pero otro movimiento paralelo está sacudiendo
los cimientos de esas grandes marcas. Hablamos de la
cosmética natural, es decir, la cosmética
que prescinde de elementos sintéticos y está
elaborada con componentes de origen vegetal. Unos precios
más accesibles y el buen nombre que siempre tiene
la madre naturaleza han hecho que el negocio se dispare.
Y está cobrando tanta importancia que L'Oreal
o Clarins han visto una gran oportunidad en la adquisición
de casas como The Body Shop, Sanoflore o Kibio, especializadas
en este género de productos.
Pero en la cosmética natural, los puristas establecen
una división. Así, aquellos productos
que contienen elementos vegetales, pero que sólo
son una proporción menor de la fórmula
no podrían emplear esta etiqueta con propiedad.
Una diferenciación lógica, por otro lado,
porque los productos 100% naturales son también
bastante más caros que aquellos que usan el término
con fines promocionales y requieren de un tipo de producción
poco menos que artesanal. De hecho, una buena parte
de las empresas que los fabrican tiene en su origen
una filosofía ética y alternativa. Una
característica que también se manifiesta
en la utilización de canales de distribución
particulares. La red, por ejemplo, es uno de los privilegiados.
Compranatural o Veneravenus son un par de buenas webs
para conocer todo el surtido del cual es capaz el gremio:
champús, geles, cremas, aceites, perfumes
se
podría decir que hoy ya hay un correlato natural
de cualquier linea de cosmética convencional.
Y A marcas líderes internacionales como Annemarie
Börlind o Dr. Hauschka se le van uniendo pequeños
productores como los catalanes Mondeconatur. Entre otras
ventajas, los cosméticos naturales son hipoalergénicos,
acostumbran a no haber sido probados con animales y
suelen basarse en una producción respetuosa con
el medio ambiente. Si cualquier de estos motivos nos
anima, ya sabemos dónde dirigirnos.