
Muy
bien, conocíamos la opinión de médicos
y expertos, sabíamos que el sol aprieta como
nunca, habíamos escuchado los consejos que cada
año se repiten en los medios
y así
y todo nos hemos quemado, tenemos la piel ardiente y
dolorida y no hay quien sea capaz ni siquiera de recostar
la espalda sobre la cama o el sofá.
Dado que con el pecado va la penitencia, no abundaremos
en regañinas. Aunque eso no obste para recordar
que los problemas derivados de inconscientes y dilatadas
exposiciones al sol sin protección pueden ir
desde los simples léntigos (manchas oscuras)
o hipermelanosis punctata (blancas) a las urticarias,
reacciones alérgicas e inflamaciones como los
lupus. Hay incluso trastornos que pueden llegar a ser
permanentes como las dermatitis por fotosensibilidad,
y otros que pueden fastidiarnos durante todo el verano.
Pero cuando ya es demasiado tarde para prevenir, conviene
minimizar los daños con el procedimiento adecuado.
Si el perjuicio es de tipo alérgico -muchas veces
producto de una reacción a colonias o medicamentos
de aplicación tópica- hay que intentar
limpiar la sustancia desencadenante y evitar el uso
de antihistamínicos dérmicos que ya no
servirán para evitar la aparición de la
alergia y sí más bien agravarla. Por supuesto,
como en el caso de cualquier otra quemadura o molestia,
no hay que volver a exponerse al sol en un tiempo prudencial
(unos cuantos días a ser posible).
También hay que
ser muy recelosos ante ciertos
remedios populares que normalmente se dan para estos
casos.
El más recurrente es el empleo de aceite, que
si bien de forma inmediata puede parecer un alivio,
como otros bálsamos caseros con base de vinagre,
ajo, patata, manteca y etc. no es realmente eficaz y
puede dejar cicatrices y marcas crónicas. Tampoco
se aconsejan las cremas que tengan lidocaína
o benzocaína en su composición.
Los dermatólogos recomiendan seguir los siguientes
pasos cuando notemos los estragos causados por el astro
rey: ducharse con agua templada, enfriar recurrentemente
las zonas afectadas con compresas de agua fría
y embadurnarse con crema hidratante a menudo. En los
últimos años, algunos especialistas reconocen
la eficacia del gel de aloe vera (puede adquirirse en
farmacias o herboristerías), que no sólo
ayudan a reducir la inflamación, sino también
a una más pronta recuperación de los tejidos.
Cataplasmas con infusiones de malvavisco ayudan a aliviar
el dolor y la tintura de hipérico previene infecciones
y acelera la cicatrización. .