
El calor del verano propicia que nuestros pies queden
al descubierto, y no únicamente ellos, también
sus "imperfecciones". Basta seguir unas pocas
normas básicas para lograr que presenten un aspecto
y un estado saludables.
La primera y más importante es el de la
higiene,
ya que ésta nos evitará problemas de sudor,
hongos y mal olor, cada día más acentuados
por los hábitos de vida actuales que conllevan
tanto estrés y nerviosismo. Es recomendable lavar
los pies por la mañana y por la noche con agua
templada (empezar y terminar con agua caliente para
eliminar la sensación de fatiga) prestando especial
cuidado a la hora de secarlos y usar una crema hidratante
y antitranspirante.
También necesitan estar en forma y para ello
nada mejor que hacer algo de
gimnasia:
- Aprovechar cualquier momento de reposo para realizar
movimientos rotatorios y hacia adelante y atrás.
- Deslizar un rodillo (mejor si no es liso) o una
pelota de tenis por la planta (desde el talón
hacia los dedos y viceversa) y tratar de coger pequeñas
cosas con los dedos.
- Tratar de mover los dedos en el sentido contrario
al que se colocan al andar. Si además, al
caminar, los dedos se encogen en forma de garra,
hay que tratar de ejercitarlos moviéndolos
hacia arriba.
- Si el calzado utilizado hace que el dedo meñique
se coloque encima de su "vecino" hay que
estirarlo y moverlo hacia fuera.
- Terminar con unas fricciones y masajes para movilizar
las articulaciones y relajar.
- Si nos encontramos en una zona de playa no hay
que desaprovechar la ocasión de caminar descalzos
sobre la arena y por la orilla, ya que esto hace
trabajar los músculos de los pies y las olas
realizan un masaje excelente que favorece la circulación
de las piernas.
Los problemas más frecuentes que sufren los pies
son los callos, los ojos de gallo y los juanetes, provocados
casi siempre por el tipo de calzado que usamos. Para
poner remedio, en la medida de lo posible, a las molestias
que causan, es conveniente hacernos la
pedicura,
con lo que ganaremos en comodidad y desde luego también
en el buen aspecto, importante especialmente ahora que
dejamos al descubierto estas extremidades. Habrá
que empezar por eliminar las células muertas
aplicando una crema exfoliante. A continuación,
sumergiremos los pies en agua templada con sal durante
cinco minutos, al cabo de los cuales nos los secaremos
concienzudamente, especialmente entre los dedos. El
siguiente paso es eliminar las durezas con un aparato
especial y frotar con piedra pómez o una lima
gruesa. También hay que cuidar el corte de las
uñas, dejándolas a ras de piel y cuadradas
para evitar que cuando crezcan se claven en la carne
y se creen la dolorosas uñas encarnadas. Terminaremos
aplicándonos una crema hidratante especial para
pies y nos daremos un suave masaje con las manos.