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Narices sensibles: sin necesidad de alarma
05/12/2007

Caídas de la temperatura, resfriados que obligan a sonarse pertinazmente y calefacciones que resecan las vías respiratorias. El invierno presenta el panorama perfecto para sufrir un molesto aunque rara vez muy problemático episodio de hemorragia nasal.

Estos sangrados se producen porque la nariz tiene una vasta pero también muy fina red de venas y capilares, muy propensos a romperse ante cualquier alteración. Hurgarse, una serie de estornudos, un golpe o una irritación por inhalación de productos químicos, todo ello acentuado por una sequedad ambiental que repercuta en la de las paredes de las fosas nasales, puede desencadenarlos.

En la inmensa mayoría de casos, las hemorragias remiten espontáneamente. Pero para atajarla con la mayor diligencia posible ha de presionarse ligeramente con el dedo sobre el lado de la nariz del que provenga el flujo y, en casos persistentes, introducir en ella con delicadeza una gasa con agua oxigenada. En las farmacias también se venden productos que resultan eficaces para cortar aquellos sangrados más irreductibles. Si ni por esas se consiguen resultados, y han pasado más de 20 minutos desde el comienzo de la hemorragia, es el momento de acudir a un ambulatorio o servicio de urgencias.

Y si hemos detallado las causas frecuentes que la provocan, podemos deducir aquellas medidas que nos ayudaran a prevenirlas. Sonarse sin brusquedad, estornudar sin esforzarse en ello y no meterse el dedo u otros objetos en la nariz serían las precauciones básicas. El empleo de un humidificador en climas muy secos y aplicarse jeringuillas de suero fisiológico o lubricantes nasales formarían una segunda línea de cuidados para las personas más sensibles y que tengan precedentes que lo justifiquen.

Eso sí, si los episodios se repiten con excesiva habitualidad, consulte a su médico, pues podría tratarse de una hemorragia nasal posterior y sintomática de algún otro trastorno de la salud.
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