
Guste
más o menos, y sea moda pasajera o permanente,
las series de médicos y hospitales son una de
las indiscutibles debilidades de los televidentes y
su éxito hace frotase las manos de los programadores.
Pero la
Organización Médica Colegial
anda revuelta por la imagen imprecisa que proyecta de
la profesión médica y, sobre todo, de
las prácticas clínicas.
La Comisión Central de Deontología de
la mencionada organización ha sido la encargada
de observar qué idea del funcionamiento de la
sanidad se trasluce en ese tipo de ficciones y sus conclusiones
son poco halagüeñas.
Según su informe escenifican tratamientos y técnicas
que contribuyen a crear unas
falsas expectativas
en los pacientes. Eso acaba traduciéndose en
presión a los especialistas y en gastos
suplementarios e innecesarios del sistema sanitario.
Y es que los pacientes exigen exploraciones y terapias
que han conocido a través de las series, pero
que resultan superfluas para sus casos o que con su
demanda amenazan con privárselas a futuros pacientes
que las necesiten realmente. Los siempre limitados recursos
del sistema médico público son así
susceptibles de ser canibalizados por
conductas inspiradas
en productos de ficción con frecuencia poco
fieles a la realidad.
Además, la Comisión repara en el desajuste
entre la cantidad de recuperaciones milagrosas y curaciones
in extremis que se ven en la series y las que
se producen en el mundo real y advierte sobre la
frustración
que eso puede provocar en pacientes y familiares.
Por último, tampoco considera justo o adecuado
que los profesionales sanitarios sean invariablemente
presentados como "seres anómalos" siempre
implicados en turbulentas relaciones sentimentales,
maniobras mezquinas, desequilibrios emocionales y otras
tramas truculentas propias de este tipo de series. Cuanto
menos trata de poner en conocimiento de la opinión
pública que esos comportamientos no están
ni más ni menos generalizados que en cualquier
ámbito humano.
Como detalle final, la OMC acaba por recordar su disposición
a asesorar a guionistas y productoras en todo lo necesario
para que los espectadores tengan una visión menos
equívoca. Así que si alguna vez se ha
sumergido por completo en el ambiente de una película
médica, disfrútelo pero, por su propio
bien y el de todos, no lo confunda con lo que sucede
en la realidad.