
Hemos
dedicado más de uno de nuestros artículos
a un tema que si bien puede pasar inadvertido para muchos
y considerarse un problema menor de salud pública,
empieza a cobrar todo el relieve que merece: el ruido.
Una falta de visibilidad auspiciada por la tolerancia
que nuestra sociedad muestra hacia su producción,
pero que no estaría justificada si considerásemos
la magnitud de los afectados por él. El Colegio
Oficial de Ingenieros Técnicos de Telecomunicaciones
ha recién ha publicado un estudio titulado "
Los
efectos del ruido ambiental y su percepción por
parte de la ciudadanía" que explora
la cuestión. Sus conclusiones son demoledoras.
La mitad de los españoles padecen el azote del
ruido ambiental en sus hogares y hasta un 17 por ciento
sufre molestias que llegan a alterar su actividad diaria.
Elaborado en ocasión del Día Mundial contra
el Ruido, el pasado 20 de abril, lo que queda patente
con este informe es un aumento de la sensibilidad ciudadana
al impacto del ruido sobre la salud. En las 800 entrevistas
realizadas se ha registrado un porcentaje del 25% de
encuestados que afirma padecer ansiedad, irritabilidad
y aumento de la agresividad por causa del tumulto, y
más del 65% piensa que el ruido es perjudicial
para la salud. Además, casi el 19% ha de soportar
alteraciones del sueño por su culpa. Los encargados
del estudio añaden que, aunque sea más
difícil de notar, coadyuva también en
la aparición de afecciones cardiovasculares,
problemas gastrointestinales y hasta debilitamientos
del sistema inmunológico.
El tránsito rodado, en sus distintas vertientes
(coches, motos, vehículos pesados, cláxones
por dobles filas) figura como la primera fuente de contaminación
acústica, así identificada por el 78%
de los consultados, todos habitantes de ciudades de
más de 250.000 habitantes. Ruidos vecinales y
obras quedarían en otros puestos destacados.
Por Comunidades, serían las Baleares, el País
Valenciano y Andalucía aquellas en las que existirían
más personas expuestas a éste fenómeno.
Como apreciación más negativa, el informe
resalta la falta de normativas para instaurar los mapas
del ruido pendientes desde 2003, las carencias para
la aplicación efectiva de la Ley del Ruido y
el escaso conocimiento y cumplimiento de la misma. Porque
contra este asedio, es hora de reaccionar