
Con
frecuencia oímos discursos fervorosos en los
que nuestras autoridades gubernamentales apuestan por
un modelo más limpio y sostenible de ciudad que
después quedan en retórica y simples declaraciones
de intenciones.
De hecho, las dificultades para quienes quieren llevar
una vida más respetuosa con el medio ambiente
son muy notables y casi rozan el sabotaje, de modo que
a veces han de organizarse para defender sus derechos.
Esa fue la idea del diseñador de vehículos
de tracción humana
George Bliss, cuando
acuño el término masa crítica para
describir las afluencias de ciclistas urbanos que en
China se van uniendo poco a poco en los semáforos
hasta ser suficientes como para atravesar un cruce sin
riesgo. Luego usó ese concepto de origen político
para definir las congregaciones más o menos flexibles
y espontáneas de ciclistas que se reunían
una vez al mes en
San Francisco para autoafirmarse
y pedir unas mejores condiciones de circulación.
Rápidamente,
masa
crítica se fue articulando, creciendo
y extendiendo por todo el mundo. Pero no se trata de
un movimiento formal, sino de un hecho: el de unas personas,
principalmente sobre dos ruedas, aunque también
viandantes, que cada mes eligen un lugar y una hora
para llevar a término una bicicletada popular.
Su espontaneidad, la forma descentralizada de organizarse
y su carácter festivo son parte de la fuerza
de estos encuentros.
Sin itinerario fijo y con espíritu de paseo comunitario,
el objetivo principal de Masa crítica es hacer
ver que ir en bicicleta por la ciudad no sólo
es tan normal como en vehículos motorizados,
sino que es una alternativa que aligera a las urbes
de muchos de sus principales problemas: ruidos, contaminación
y atascos. Un derecho, no una graciosa concesión
municipal. Como dicen algunos de los lemas más
utilizados en estas ocasiones "no contamina ni
gasta gasolina" o "no bloqueamos el tránsito,
somos el tránsito". Y además son
un punto de intercambio de ideas y experiencias que,
según los activistas, sirve para articular un
movimiento de presión para conseguir ordenanzas
que protejan a los ciclistas o carriles-bici aptos para
la circulación.
Si en nuestra ciudad no existe una masa crítica
y creemos que sería interesante montar una, basta
con ponerse manos a la obra: escoger una hora mensual,
repartir pasquines, dejar anuncios en tiendas y colgar
la cita en la web masa critica o hacer una web a propósito,
como ya tienen Valencia, Huelva, Ourense o Alcalá
de Henares, entre otras.
Si lo suyo son las bicicletas o simplemente las ciudades
más sostenibles, salga a la calle y pedalee:
tendrán que escuchar a una masa crítica
alegre y combativa.