
Todos
tenemos presentes a esas celebridades o incluso a conocidos
que siempre lucen un perfecto moreno en la piel. Quizás
frecuenten sesiones de rayos uva o puedan permitirse
tomar el solo todo el año, pero también
es posible que se encuentren afectados por una obsesión
patológica:
la tanorexia o adicción
al sol.
Lograr una piel bronceada se ha convertido en nuestra
época -a diferencia de lo que ocurría
en otras- en un símbolo de belleza y estatus.
Sin embargo, en algunas personas ese anhelo deviene
atracción fatal y culto enfermizo. Se prescinde
de cualquier prevención saludable o incluso estética
y todo vale para conseguir el tono más oscuro
y durante más tiempo. Algo que acaba por traer
fatales consecuencias.
Ya los dermatólogos han advertido suficiente
sobre los efectos que puede tener esa manía sobre
la piel, con señales de envejecimiento, cuadros
de deshidratación y aumento de las probabilidades
de sufrir cáncer. Además, los tanoréxicos
acaban perdiendo la perspectiva y la noción del
límite, como sucede con cualquier otra adicción.
Síntomas de esta dolencia son las competiciones
por lucir la piel más bronceada, la ansiedad
si las circunstancias impiden tomar el sol o ir al solarium
o la sensación irreal de pérdida del moreno
que tanto les ha costado ganar.
Y en los casos más acusados, llegan a padecer
síndrome de abstinencia y trastornos de carácter
mental y físico. Una deformada preocupación
por el cuerpo que llevada al extremo requiere de
ayuda
psiquiátrica.
Así que ya sabe: el sol, sano en pequeñas
dosis, tómeselo con mesura y calma. Se lo agradecerá
su cuerpo y los que le rodean.